1960, primer debate televisado de la historia, Nixon contra Kennedy. Nixon, que buscaba la reelección, llegó al plató con ojeras y un semblante visiblemente cansado.

Negándose a pasar por maquillaje, la apariencia agotada de Nixon fue aplastada por la energía y carisma de Kennedy. Tras el debate, la popularidad del rival del Presidente se disparó. Kennedy acabó ganando las elecciones.

Este debate sentó el precedente de que la televisión es algo más que tan solo saber manejar la teoría.

Un claro ejemplo de esto, es otro presidente americano, Ronald Reagan, actor de profesión que encandilaba al público cada vez que se ponía delante de las cámaras.

De sus lecciones no aprendió Bush padre. En el debate de 1992 contra Bill Clinton, el gesto de consultar la hora en su reloj en repetidas ocasiones le sentenció. Transmitió a la opinión pública una sensación tan negativa, que se pasó los próximos dos años intentado justificarse y disculparse por el gesto. Perdió las elecciones.

En 1974 se llevó a cabo el primer debate televisado en Francia. Enfrentaba a los candidatos Mitterrand y D'Estaing.

La campaña electoral de Mitterrand se centraba en la evocación de sentimientos. Este fue el hecho que D'Estaing utilizó para atacar a su rival. Mitterrand no supó que contestar a las acusaciones de su rival. Sus titubeos y la contundencia de D'Estaing sirvieron para sellar su derrota.

Aun en Francia, quién también supo jugar sus cartas durante un debate fue Sarkozy en el 2007 contra Royal.

Postulándose como la que podría ser la primera mujer presidente de la República, Sarkozy se pasó todo el debate llamándola 'madamme', hecho que acabó exasperando a Royal. La candidata estalló en una retahila contra su rival, mientras que Sarkozy, siempre conservando la calma, tan solo le replicó que "para ser presidente de la República hay que saber mantener la calma". Fue una frase que sentenció a Royal.

Un caso atípico en esta lista es el de Obama contra Hillary Clinton en el 2008. El actual presidente de Estados Unidos estaba firmando un debate perfecto, hasta que Hillary, inteligentemente, jugó la carta del victivismo. Obama cayó en la trampa y comenzó a elogiar a su rival.

Este hecho confundió a la opinión pública, que buscaba un líder con decisión y firmeza. Aunque los sondeos flucturon, finalmente Obama logró ganar las elecciones a pesar de perder el debate.

Son numerosos los ejemplos que demuestran que un debate electoral puede ser contudente para marcar el porvenir del resultado de las elecciones.

Es una costumbre ya establecida en Estados Unidos, que poco a poco comienza a arraigar en Europa: En Reino Unido y Alemania también se están convirtiendo en tradición.