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Joan Vila Dilmé, condenado a 127 años de prisión por asesinar a once ancianos en una residencia de Olot, ha iniciado su transición de género en la cárcel de Puig de les Basses. Ahora se llama Aída, vive en un módulo femenino y su caso reabre el debate sobre los límites entre identidad de género, sistema penitenciario y recursos públicos.