Cara a cara con un sicario

"He matado a 13 personas": la confesión del sicario que revela cuánto cuesta matar en España

Un sicario español se sienta en exclusiva en ‘Más Espejo’ y relata cómo funcionan los asesinatos por encargo en nuestro país: los seguimientos, el momento del disparo y el mundo oscuro que se esconde detrás de estos crímenes.

Eriz Cerezo habla con un sicario.

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Barcelona y Madrid concentran las llamadas ‘oficinas de cobro’, vinculadas al narcotráfico y el sicariato, mientras Toledo, Valencia, Marbella y la desembocadura del Guadalquivir sirven como bases de operaciones y puntos clave del crimen organizado en España. En este contexto de guerras entre clanes, ‘vuelcos’ de droga y cobro violento de deudas, el sicariato está en auge. En ‘Más Espejo’ nos sentamos en exclusiva frente a Mario, un hombre que asegura haber vivido de matar por encargo y que ahora rompe su silencio.

Mario empieza su relato sin rodeos: “Yo he matado a gente. Era drogadicto, toxicómano y necesitaba dinero. Me lo ofreció un chico cuando yo no tenía dinero para pincharme y me dijo que era dinero fácil.”

Según su versión, los encargos llegaban a través de un intermediario relacionado con el tráfico de drogas. “Yo quedaba con la persona que me pagaba. Era un chico de 30 años que se dedicaba al tráfico de drogas. Me explicaba los detalles y me daba una foto de la persona a la que había que ejecutar.”

A partir de ahí comenzaba el seguimiento. “Yo lo seguía durante unos días, veía sus movimientos y entonces veía la escalera donde él vivía.” Ese era el lugar elegido para el ataque.

“Entraba con él en la escalera”

Mario describe con frialdad cómo se producían los asesinatos: “Cuando entraba en su escalera, entraba con él haciéndome el loco, le ponía una pistola debajo de la axila y ahí le pegaba dos tiros.”

La primera vez, asegura, estuvo a punto de no hacerlo. “Vomité por la noche. Tuve muchas dudas en hacerlo. Muchas dudas y mucho miedo. Yo creo que era más miedo que dudas”, explica recordando aquél momento.

Después llegó la culpa: “Me sentí fatal, con ansiedad”, relata. Pero con el tiempo, según cuenta, todo cambió: “A partir de la tercera vez, me lo tomé como un trabajo.”

Mario asegura que con el tiempo se convirtió en un sicario habitual. “Llegué a matar a 13 personas. Todos eran maltratadores, pedófilos, violadores…”, explica. Incluso asegura que recibió encargos vinculados a intereses políticos y urbanísticos. “Una vez dije que no a matar a un alcalde de España que había votado en contra de una recalificación de terrenos.” Según su relato, el motivo era puramente económico. “Lo único que había hecho ese hombre era echarse atrás en una votación.”

¿Cuánto vale una vida en España?

El dinero, asegura, es lo que mueve este mercado clandestino. “En España una vida vale entre diez mil y dieciséis mil euros”, cuenta. Algunos encargos, sin embargo, pueden pagarse mucho más caros. “Con el alcalde eran 50.000 euros.”

Mario calcula que con estos trabajos llegó a ganar una gran cantidad de dinero: “más de 100.000 euros”. Aunque asegura que en la actualidad, con las redes sociales de por medio, “en España se paga mucho menos por matar. Ahora contratan a una persona que viene desde Latinoamérica, mata y se va y lo hace por poco más de mil euros”.

Hoy asegura que su vida es distinta. Dice que todavía recibe propuestas, pero que ya no acepta encargos. “Me siguen llegando encargos, pero no los hago. A no ser que toquen a mi familia.” Reconoce que lo que hizo no tiene justificación: “Claro que me arrepiento. Para eso está la justicia para hacer justicia, no yo.”, cuenta.

“Esa cara no se olvida”

Mario también habla de las consecuencias que arrastra desde entonces. Dice que su vida hoy está marcada por la medicación y por los recuerdos. “Tengo dos lágrimas tatuadas, una por mi padre y otra por las que se marcharon. Las tengo en la mente.”

Mario también habla de las consecuencias que arrastra desde entonces. Dice que su vida hoy está marcada por la medicación y por los recuerdos. "Tengo dos lágrimas tatuadas, una por mi padre y otra por las que se marcharon. Las tengo en mi mente". “Yo me tengo que tomar 17 pastillas. Diecisiete pastillas diarias. Antes tomaba 30. Ansiolíticos, antipsicóticos… La gente se cree que no, pero esto te corroe por dentro. Te machaca.”

Los recuerdos tampoco desaparecen. “No recuerdo los nombres de las personas que maté, pero las caras casi todas.” Algunas escenas, asegura, siguen persiguiéndole. “Alguno se ha llegado a girar cuando le he puesto la pistola. Se ha girado y me ha mirado con cara de pánico. Esa cara no se olvida.”

“No soy un asesino”

“No me reconozco como un asesino que mata por placer o gusto”, explica, enfrentándose así al momento más incómodo de la entrevista. Además, su familia también ha sufrido las consecuencias. “Mi mujer me llamaba asesino y me enfadaba mucho con ella.” Cuenta que una de las cosas que más le marcó fue la reacción de su hija. “Cuando mi familia se enteró, mi hija me dejó de hablar.” Y recuerda especialmente lo que le dijo su madre: “A mí me da igual lo que hayas hecho, pero a partir de ahora no quiero que hagas nada más”, narra recordando a su madre.

Mario asegura que ahora teme a la muerte. “Tengo miedo a morirme sin ver casarse a mis hijos y tener nietos.”

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