Después de que Nadal y Djokovic pasasen por encima de sus rivales en semifinales, se verán las caras el domingo en la final que se disputará a las 9:30 hora española. Estos dos monstruos del tenis ya se han enfrentado 52 veces, el serbio ha ganado 27 y el español 25.

Pero todo apunta a que la final del domingo no será uno más de esos enfrentamientos, ambos jugadores vienen de pasar meses muy complicados debido a las lesiones. El mallorquín no disputaba un partido oficial desde septiembre del año pasado, cuando se retiró de las semifinales del US Open frente a Del Potro, y sorprendentemente está jugando a un nivel estratosférico, con un saque mejorado, unas piernas que le responden perfectamente y una confianza en sí mismo que asusta. No ha cedido un set en todo el torneo.

Por su parte, Djokovic, viene de ganar los dos últimos Grand Slam, y está en un momento dulce, pero hace menos de un año tuvo que operarse su codo derecho y como consecuencia se perdió varios meses de competición. El Open de Australia está siendo la confirmación de que el serbio ha vuelto. Es el Grand Slam que más veces ha conquistado (6), y ha disputado partidos épicos con Nadal, por supuesto, aquella que duró casi seis horas en 2012.

"Él ha jugado increíblemente bien durante todo el torneo. Esta final llega en el momento perfecto para ambos porque yo tampoco he jugado mal en mis últimos dos partidos. La gente va a disfrutar", auguró Djokovic tras conseguir su séptima final en Melbourne e igualar a Federer como tenista que más veces la ha alcanzado. "Jugar contra Nadal requiere un enfoque táctico diferente. Necesariamente no quiero alargar los puntos contra él. Creo que mis primeros golpes están funcionando bastante bien durante este torneo y me estoy sintiendo bastante cómodo en la pista".

"Él ha mejorado su saque, he observado un pequeño cambio en el movimiento que ha dado un buen rendimiento. Con todas las cualidades que él posee en su juego, añadiendo ahora este cambio, hacen de él un rival todavía más difícil de vencer", aclaró.