REINSERCIÓN

"Cuando sales de prisión, la condena no termina": el brutal relato de Fran, el exconvicto que asegura que la reinserción es una ilusión

Siete años en la cárcel y una vida entera marcada. Fran denuncia el miedo, el rechazo social y las puertas cerradas que, según cuenta, esperan a muchos presos cuando cruzan la puerta de salida.

Imagen de Eriz Cerezo

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Siete años entre rejas. Y una sensación que, según Fran, nunca desaparece: la de seguir cumpliendo condena incluso cuando la puerta de la prisión ya se ha cerrado a su espalda.

Fran fue condenado por delitos contra el patrimonio. Ahora está en la calle, intentando rehacer su vida. Pero asegura que la verdadera prueba empieza justo cuando termina la pena.

"Es un cúmulo de emociones brutal", recuerda sobre las horas previas a salir de prisión. "La noche de antes casi no duermes. Es una mezcla entre miedo, alegría y euforia. Somos los únicos que sabemos a qué sabe la verdadera libertad".

Sin embargo, ese momento dura poco. Al cruzar la puerta de la cárcel, dice, llega el choque con una realidad para la que nadie te prepara. "Sales y no tienes ningún tipo de preparación para afrontar la vida fuera. El mundo ha avanzado… y tú no".

La dificultad del papeleo

Trámites, gestiones, trabajo, tecnología, burocracia. Cosas aparentemente sencillas que, para alguien que ha pasado años encerrado, se convierten en un laberinto.

"Te enfrentas a cosas que no sabes cómo hacer, dónde pedirlas, cómo gestionarlas", explica. Y a ese desconcierto se suma algo todavía más difícil de gestionar: el estigma.

"Sabes que eres diferente. Haber estado en la cárcel te marca de por vida". Fran asegura que, desde que salió, ha tenido que enfrentarse a miradas de desconfianza y a un rechazo silencioso que lo acompaña en cada paso.

"Te miran con desconfianza"

"La gente te trata diferente. Como si no tuvieras nada que ver con ellos". Ese estigma también golpea en lo personal. Cuenta que la familia de su expareja nunca lo aceptó.

"Me sentí muy mal. Yo ya me siento diferente por todo lo que me ha marcado mi vida. Si tú me haces sentir diferente, es el doble de estigma. El doble de culpa, de rabia e incomprensión". Un sentimiento que describe como abandono social.

Buscar trabajo como exrecluso

Pero si hay un terreno donde la reinserción se vuelve más difícil, dice, es el laboral. Fran consiguió trabajo en un restaurante. Una oportunidad que parecía el comienzo de una nueva etapa. Hasta que llegó una carta del juzgado.

"La carta iba a nombre de mi jefe. Cuando la abrió, había una requisitoria de pago de una multa por un robo con fuerza". La reacción fue inmediata. "Me echó. Dijo que no quería ladrones en su casa".

Desde entonces, Fran asegura que ha tenido que ocultar partes de su pasado para poder trabajar. "He tenido que maquillar mi currículum. Cuando has estado preso, hay años que desaparecen. Así que exagero el tiempo que estuve en trabajos anteriores".

Asegura que nunca participó en talleres de reinserción. "Si existen, yo no los he visto. No los aplican". Aún así, insiste en que no todo está perdido. Dice que hay personas que sí están dispuestas a dar una segunda oportunidad. Gente que cree en el cambio.

Pero advierte: sin confianza, la reinserción es casi imposible. “Si tú no crees en ti, la sociedad no cree en ti", reflexiona. "Y entonces… ¿cómo vas a cambiar?".

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