Investigación
Alerta por la venta de burundanga a domicilio en Madrid: "Hay una gran organización detrás"
Una droga que anula por completo la voluntad, empleada en numerosos delitos sexuales y por peligrosos delincuentes en robos. La víctima se convierte en alguien plenamente sumiso, después no recuerda nada. Una mafia vende la escopolamina - o burundanga- vía online o telefónica y la envía a domicilio en apenas una hora.

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La organización criminal proporciona abundante información en la web e incluso aceptan consultas y hacen recomendaciones. Se publicitan en canales de TikTok, Telegram, y distintas páginas web de anuncios: "La droga para crímenes perfectos", es su reclamo.
Los traficantes ofrecen la droga en distintas cantidades y formas, solicitan un pago del 50% por adelantado, a través de una popular plataforma de pago, y aceptan las criptodivisas. El resto del pago se realiza en metálico, en mano, cuando como si de un repartidor más se tratara, un 'mensajero' acude a la dirección indicada en un plazo de una hora. Su radio de acción es la ciudad de Madrid y alrededores. Su catálogo no termina ahí.
La estructura de este entramado plantea grandes dificultades a la hora de poner fin a su actividad. Un entramado de identidades falsas o suplantadas que cambian cada poco tiempo, cuentas en el extranjero, pistas que llevan a callejones sin salida, hacen que las autoridades se enfrenten a auténticos quebraderos de cabeza para identificar y capturar a sus responsables.
"Mucha somnolencia"
Esta sustancia convierte a quien la consume -casi siempre sin saberlo- en un autómata a merced de la voluntad del criminal, la víctima se siente enjaulada en su propio cuerpo y su efecto incluye la posterior amnesia. Es muy difícil de detectar: "No recuerda nada. Ni tampoco cuando pasa el efecto", dice uno de los presuntos delincuentes.
Por otra parte una víctima relata lo que recuerda de su experiencia. Le administraron esta sustancia en un popular establecimiento de la capital aprovechando un descuido. La sumisión química incapacita al intoxicado. Casi siempre con intención de perpetrar una violación o un robo: "Dejé una copa en la barra de una discoteca y fui al baño. Cuando volví la copa seguía ahí, la persona seguía ahí... Entonces empecé a notar los efectos: mucha somnolencia y a los pocos minutos entras como en un estado hipnótico y quedas totalmente a la voluntad de la otra persona".
"Lo único que nos queda es tapar la copa", lamentaba la periodista y presentadora de Espejo Público, Susanna Griso.
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