Publicidad
El asesino se preocupó de no dejar rastro
El asesino se preocupó de no dejar rastro
El asesino se preocupó de no dejar rastro
El asesino se preocupó de no dejar rastro
Publicidad
Publicidad
El asesino se preocupó de no dejar rastro
Publicidad

Ana ha caído en el ‘se lo doy’ y ha decidido entregarle a Andrea unos gajos que se han vuelto en su contra.

Joan Vila Dilmé, condenado a 127 años de prisión por asesinar a once ancianos en una residencia de Olot, ha iniciado su transición de género en la cárcel de Puig de les Basses. Ahora se llama Aída, vive en un módulo femenino y su caso reabre el debate sobre los límites entre identidad de género, sistema penitenciario y recursos públicos.