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Los partidos despliegan ejércitos digitales para influir en el voto a través de WhatsApp y las redes sociales
Los partidos movilizan a miles de simpatizantes en WhatsApp, TikTok o Instagram, mientras los expertos alertan del avance de la desinformación y los vídeos creados con inteligencia artificial.

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Han pasado pocos años desde que el arranque de una campaña electoral se asociaba a la pegada de carteles en las calles. Hoy, la imagen y el sonido de la política son muy diferentes: notificaciones de WhatsApp, vídeos verticales, mensajes reenviados y publicaciones diseñadas para hacerse virales.
En las recientes elecciones de Brasil, la estrategia digital ayudó a Luiz Inácio Lula da Silva a remontar, según los análisis publicados sobre aquella campaña. Los partidos españoles han tomado nota y preparan sus propias redes de movilización en internet. El objetivo es que miles de simpatizantes reciban mensajes, vídeos y argumentos para compartirlos después en sus grupos familiares, entre sus amigos o a través de sus perfiles en redes sociales. Un auténtico ejército digital que no siempre difunde contenidos desde las cuentas oficiales de las formaciones políticas.
La campaña también se libra en WhatsApp
Muchas veces, el mensaje llega presentado como una recomendación personal: una opinión de un conocido, un vídeo que alguien considera interesante o una información recibida en un grupo privado. De esta forma, la propaganda política puede circular con apariencia de conversación cotidiana y alcanzar también a votantes indecisos.
Cada plataforma exige, además, un lenguaje diferente. En WhatsApp funcionan las listas de difusión y los mensajes reenviados. En Instagram, las imágenes y los vídeos breves. En TikTok, los contenidos rápidos, emocionales y fáciles de compartir. Pero esa capacidad de difusión también puede utilizarse para manipular la conversación pública.
Los contenidos que más reacciones generan suelen ser los que provocan enfado, miedo, indignación o sensación de injusticia. En ese entorno, los mensajes más emocionales pueden imponerse a los más rigurosos.
Los algoritmos amplifican la polarización
A esta dinámica se suma ahora la inteligencia artificial. Con esta tecnología pueden crearse vídeos falsos, modificar imágenes o reproducir la voz de un político para hacerle decir algo que nunca ha pronunciado.
La directora creativa especializada en inteligencia artificial Laia Grassi advierte de que el verdadero riesgo no está únicamente en los llamados 'deepfakes', sino en la combinación de la inteligencia artificial con las redes sociales y los algoritmos. El problema no es solo que alguien pueda creer un vídeo falso. También que los ciudadanos empiecen a desconfiar de cualquier imagen, incluso de las que son verdaderas.
Cada vez cuesta más distinguir lo real
Para muchos jóvenes, las redes sociales son ya su principal fuente de información. Los partidos lo saben y concentran cada vez más esfuerzos en esos canales, donde pueden llegar a miles de personas en pocos segundos. Los expertos recomiendan cuestionar los contenidos, comprobar quién los publica y contrastar cualquier información con fuentes oficiales y fiables antes de compartirla. En la próxima campaña electoral, distinguir entre información, propaganda y manipulación será también una forma de decidir el voto.
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