PESCADO

Menos producto, mayores costes y sin relevo: diciembre ya no salva al sector del mar

Diciembre siempre fue una tabla de salvación para el mar, pero este invierno, aunque el producto entra y la campaña avanza, nadie tiene el ánimo de otros tiempos. Un problema que hoy atraviesa toda España.

El marinero Martín Vidal de O Grove ha capturado en la ría de Arousa, la centolla más pesada esta campaña.

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Menos producto, más costes, falta de relevo, precios disparados y un sector primario que siente que se hunde sin que nadie tome medidas decisivas. Así cierra el año el sector del mar.

En O Grove, Mario, que lleva cincuenta años faenando, revisa los cabos con la precisión mecánica de quien ha vivido media vida sobre cubierta. "Antes diciembre era una fiesta. Ahora es un parche", dice mientras mira el barco que intenta vender sin éxito. Nadie pregunta por él. "No te ganas la vida. Y sin relevo esto se acaba". Su diagnóstico podría escucharse en cualquier puerto español. La radiografía es la misma. Embarcaciones envejecidas, tripulaciones cada vez más escasas, jóvenes que no quieren asumir un futuro incierto.

En el barco de al lado, Martín Vidal, 35 años, encarna la resistencia. Es uno de los pocos jóvenes que aún apuestan por este oficio. "Me crié en el mar. Me gusta. No me veo en otra cosa". Pero incluso él reconoce que el horizonte se estrecha. "Cuando empecé, pescabas el doble con la mitad de redes. Y en todo: nécora, camarón, chopo... cada vez menos producto". Lo atribuye al estado de la ría, a los cambios en la alimentación de las especies, pero sobre todo a algo que ya nadie puede negar: el cambio climático.

Lo que ocurre en Galicia es el reflejo de un país entero que ve cómo su pesca artesanal se desangra. Las capturas caen, los costes suben y el precio final que debe pagar el consumidor se dispara. Menos pescado, más caro. Menos variedad, más dependencia de importaciones. Y el ciclo, lejos de equilibrarse, se acelera.

En el Mercado Municipal de O Grove esa realidad se puede tocar con la mano. Verónica Pérez pesa centollas de unos 35 euros el kilo. "Están bien, sí, pero hay poca cantidad", comenta mientras observa cómo una clienta duda antes de comprar. "La gente viene con miedo. Todo está más caro". La pescadería trabaja, pero no como antes. "Diciembre era nuestro mes fuerte. Ahora tapas agujeros". Y la razón, insiste, está en un sistema que se ahoga por varias vías: el mar da menos, los gastos suben y el consumidor no puede seguir el ritmo.

David Bea, mariscador y vendedor, se encoge de hombros. "Esto pasa aquí y pasa en toda España. Hay menos de todo. El clima cambia, el combustible sube, el material también. Y si tú coges menos, pero gastas igual o más… ¿Cómo quieres que el precio no suba?" Señala cajas medio vacías. "Al final repercute en el consumidor, claro. Lo paga él".

Una de las medidas que ayudaría, y que no llega, es la rebaja del IVA al pescado y al marisco fresco. Una herramienta que permitiría ajustar precios para el consumidor sin estrangular a un sector ya al límite.

Los profesionales del mar sienten que no se está entendiendo la gravedad del problema. Y advierten: si no se actúa, España entera se quedará sin flota artesanal, sin pesca de proximidad y sin mercados tradicionales. "Al final comeremos todo congelado de fuera", resume Rafael, cliente habitual, mientras observa las cajas. "Y eso sí que será triste".

¿Hay futuro? Martín Vidal es claro: "Está oscuro, hablamos dentro de 10 años".

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