En tierra lejana | 23 de febrero
Alya toca fondo en Mardin: sola, sin dinero y vigilada por los hombres de Cihan
Sola, en la calle y con el corazón roto tras perder a su hijo, la joven ha descubierto que el destino todavía le tenía guardada una última bofetada: sus tarjetas no funcionan.

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Si el día de Alya no podía ser más negro, el destino le ha dado otro revés. Tras verse en la calle y sin su hijo, la joven ha llegado a un hotel de la ciudad para instalarse. Pero al ir a pagar, se ha encontrado con la peor sorpresa. Sus tarjetas de crédito y débito no funcionan. Seguramente por ser extranjeras o por algún error bancario, Alya se ha quedado, de repente, sin un céntimo en el bolsillo.
En un acto de desesperación, Alya ha intentado buscar una solución rápida. "Puedo pagarle esta noche en efectivo en dólares canadienses", le ha dicho al recepcionista, rebuscando lo poco que le quedaba en la cartera. Pero la respuesta de la empleada la ha dejado de piedra: "Su estancia ya está pagada". Cihan, que no la deja ni a sol ni a sombra, se ha adelantado y ha cubierto todos los gastos a través de sus hombres.
Para Alya, esto ha sido la gota que colma el vaso. No quiere caridad y mucho menos que venga del hombre que permite que le arrebaten a su hijo. Entonces, le ha suplicado a la recepcionista que aceptara sus dólares y le devolviera el dinero que los Albora habían pagado: "¡Mira mi pasaporte! Soy una Albora, soy de la familia".
Al coger el sobre con el dinero y con los nervios destrozados por la impotencia de no tener ni para un taxi, ha tirado el dinero al suelo con rabia: "¡Venid a recogerlo para vuestro gran patrón! ¡Desgraciados!". Alya se siente atrapada sin tarjetas, sin efectivo y con su hijo encerrado en la mansión. ¿Cómo va a luchar contra el clan más poderoso de Mardin en estas condiciones?
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