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Gabriel lidia con la culpa de haber matado a alguien por accidente: "Con el tiempo se va pasando, pero no se cura del todo"
La mayoría de accidentes mortales los cometen conductores bajo los efectos del alcohol o las drogas, pero hay casos contrarios: conductores como Gabriel, que tienen accidentes inevitables a pesar de hacerlo todo bien en la carretera.

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La culpa es un sentimiento que persigue durante años. Es precisamente lo que le ocurrió a Gabriel, un hombre que atropelló a otro mortalmente sin querer, sin conducir de manera temeraria y cumpliendo todas las reglas de tráfico.
A día de hoy recuerda perfectamente aquella zona. Iba de camino a ver a su hijo cuando, tras notar un ruido extraño, detuvo el coche y descubrió que había un hombre debajo. "El coche ni siquiera se movió de golpe, ni dio ningún salto", recuerda.
Se trataba de un hombre que, según las investigaciones, habría consumido grandes cantidades de alcohol y se habría quedado dormido sobre la carretera. Gabriel pasó con su vehículo a poca velocidad y ni su pareja ni él notaron nada.
Los servicios de emergencia no pudieron hacer nada por su vida. "La verdad es que se te cae el mundo", confiesa Gabriel, "con el tiempo se va pasando un poco, pero no se cura del todo".
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Desde entonces y, a pesar de que Gabriel no cometió ninguna imprudencia, la culpa le persigue. Un accidente que, aunque las pruebas posteriores que hizo la policía determinaron que no se podría haber evitado, tuvo el peor de los finales.
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