En plató
Esperanza, de 82 años, encontró la solución a su soledad en su amigo Manuel, de 10: "La vi sola y me fui con ella"
Esperaza de 82 años ha conseguido aliviar el sentimiento de soledad con la llegada de Manuel a su vida, un niño de 10 años que se preocupa por ella y la visita todos los días.

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Esperanza, de 82 años, compartió gran parte de su vida con su marido, Emilio. Juntos vivieron durante años en Francia, pero ambos tenían un sueño, regresar a Arcos de la Frontera, en Cádiz, para disfrutar allí de sus últimos años. Cumplieron ese deseo, aunque la felicidad duró poco. Apenas dos años después de volver, Emilio falleció, dejando en Esperanza un profundo sentimiento de soledad.
Lo que nunca imaginó fue que quien le ayudaría a recuperar la ilusión sería Manuel, un niño de tan solo 10 años. Todo comenzó el día en que el pequeño se acercó a saludarla. "La ví sola y me fuí con ella", explica el menor. Desde entonces, no ha faltado a su cita diaria con su amiga. Comparten largas tardes jugando a la petanca o al Monopoly, paseando por el pueblo e incluso asistiendo juntos a la iglesia.
Para Esperanza, Manuel es como un hijo: "Vamos juntitos los dos y no nos separamos". Admira su inteligencia, su madurez y el cariño con el que siempre está pendiente de ella. Gracias a él, asegura, volvió a encontrar motivos para salir de casa y disfrutar de la vida cotidiana.
Su madre, Tamara, explica que Manuel siempre ha sido un niño diferente. Nunca le han llamado especialmente la atención los videojuegos, como la PlayStation. En cambio, desde muy pequeño ha mostrado un gran interés por la religión y una conexión muy especial con las personas mayores, con quienes se siente especialmente cómodo.
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