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Carmen sufrió el síndrome del cuidador quemado: "Cuidando a mi marido me enterré en vida"
Atendió a su marido, que era una persona dependiente, durante dos años las 24 horas al día. Unos cuidados que hicieron que se abandonara a sí misma.

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Carmen, de 61 años, sufrió el síndrome del cuidador quemado tras dedicar más de dos años al cuidado permanente de su marido con alzhéimer avanzado. Esta asegura que la situación deterioró gravemente su salud, provocándole una fuerte pérdida de peso y continuos problemas derivados de su diabetes.
Según explica, las noches sin descanso por los gritos y episodios de desorientación de su marido terminaron afectando también a su estabilidad emocional. "Vives en alerta con un estrés crónico pensando que va a pasarle algo", asegura Carmen, "además tienes siempre un sentimiento de culpa porque sientes que no es suficiente lo que estás haciendo".
Carmen vivía con un miedo constante a enfermar, convencida de que nadie podría atender a su esposo si ella faltaba. "Pensaba que si me pasaba algo nadie iba a cuidarle", advierte Carmen.
El aislamiento social y el agotamiento psicológico marcaron su día a día hasta el punto de sentirse "enterrada en vida". Además, confiesa que el entorno del cuidador no ayuda porque no solo se abandona a sí mismo, sino que se siente aislado por el resto: "Hay muy poca gente que te apoye, te vaya a ver o te llame".
Incluso después del fallecimiento de su marido, Carmen afirma que la tristeza, la ansiedad y la sensación de impotencia continuaron presentes durante meses. Un sentimiento que, a pesar del tiempo, se queda guardado en la memoria.
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