Mercado del alquiler
Pensionistas, los nuevos "compañeros de piso": Así viven los jubilados a quienes no llega para el alquiler
¿Cómo alquilar una casa cuando la pensión apenas llega a 800 euros? La vieja fórmula estudiantil del piso compartido se abre camino entre los jubilados: “No es un problema mío, es un problema de la sociedad”.

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Un chalé de dos plantas en el barrio de Barajas, en Madrid. El inmueble presenta un aspecto particular: todos los espacios, desde el sótano hasta la segunda planta son una sucesión de habitaciones: “en esta casa vivimos trece personas”, nos cuenta Begoña. En su habitación hay una nevera, un microondas, mancuernas para hacer ejercicio y muchas fotos de sus hijos y nietos. Tiene 63 años, es pensionista… y comparte piso: “aquí hay una abogada de cincuenta y tantos, un matrimonio también de esa edad, gente que trabaja en compañías aéreas…” todos con el denominador común de no poder alquilar un piso en exclusiva.
“Si invito a alguien a dormir tengo que pagar 40 euros”
Begoña cobra una pensión de 860 euros y paga 600 por su habitación de doce metros cuadrados con derecho a baño compartido. “A finales de marzo se me acaba el contrato”. Ese es su gran temor. Lleva un año en la casa y ya ha firmado dos. ¿Qué pasa entonces con esos cinco años de “tranquilidad” a los que tiene derecho todo inquilino”? “Eso es para las viviendas habituales. Las habitaciones son viviendas temporales”. ¿Es entonces esto algo parecido a un hogar? “si invito a alguien tengo que justificarlo y si se queda a dormir son 40 euros por noche”. Recuerden: paga 600 euros al mes. Pero Begoña no tiene opción de buscar casa en un pueblo, como le aconsejan algunos. Es paciente oncológica y tiene que vivir en el entorno de su hospital.
“Comparto el cuarto de baño con dos hombres”
Tomasa nos recibe en una cafetería. No puede recibirnos en su casa porque “yo mando en mi habitación, pero tenéis que pasar por el piso, y el piso es de ella”. Es decir, que la casera no quiere cámaras en el piso que le alquila a Tomasa, a su compañera auxiliar de enfermería, y a otros dos hombres de más de 50. Ella tiene 70 y es la mayor de las compañeras de piso. ¿Cuánto cobra de pensión?, preguntamos. “650. Y pago 250 por la habitación. Comparto el cuarto de baño con dos hombres, les tengo puesto un trapito para cuando hacen pipí”, dice con sorna y el humor que cabe ante la situación. Ni Begoña ni Tomasa son idealistas en busca de compañía o camaradería. El motivo lo resume una frase en la que coinciden ambas: “no me da para un piso propio. No es un problema mío, es un problema de la sociedad”.
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