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Así confesó Ana Julia el crimen de Gabriel: "Cuando le quité la mano el niño ya no respiraba"

Ana Julia relata que vio a Gabriel con un hacha en la mano y que comenzó a insultarla. Confiesa que no se acuerda si tras ese momento le quitó el hacha, que sólo recuerda de que le puso "la mano en la cara" para que dejara de decirle "esas cosas", tapándole la nariz y la boca. "Veo por allí una pala y digo, 'pues lo entierro aquí al niño'", concluye.

antena3noticias.com | Madrid | 05/11/2018

Ana Julia Quezada,la asesina confesa de Gabriel, declaraba ante el juez, acusada de asesinato, detención ilegal y contra la integridad moral. Durante su declaración se muestra nerviosa, desolada e interrumpe su relato por el llanto.

Llorando amargarmente, mostrándose como una víctima y asegurando que todo fue un accidente, esta es la estrategia que Ana Julia utilizó ante el juez. Como si de una macabra función teatral se tratase, la asesina confesa comienza entre sollozos su relato de lo que ocurrió el pasado 27 de febrero, desde que el pequeño se monta en su coche tras comer en casa de la abuela.

"Después de comer, él acabó antes que nosotros y nos dice: 'Me voy a jugar con los amigos, con los primos'. Y le dice la abuela: 'Estate quieto un ratillo que todavía ellos estarán comiendo'. Entonces lo aguantamos unos cinco minutos o así más o menos, pero ya se marchó", relata

Sin embargo durante 12 días Ana julia estuvo ocultando la verdad, fingiendo otro papel: el de novia afectuosa, el de madrastra rota de dolor, dejando creer que el rastro del pequeño se perdió de camino a casa de sus primos. Ella fue quien se lo llevó en su coche a la finca de Rodalquilar, y así confiesa, de nuevo llorando, cómo acabó con la vida del pequeño Gabriel.

"Le digo: 'Venga súbete al coche y vente conmigo a Rodalquilar, que me voy a pintar y ahora te traigo'. Y nos fuimos", cuenta Ana Julia.

Una vez en la casa de Rodalquilar, relata que levanta las persianas, quita la alarma y abre las puertas para ventilar la casa del olor de la pintura, mientras Gabriel se queda "por fuera".

Un niño de tan solo 8 años cargando con un hacha e insultando a gritos y una mujer adulta que reacciona ahogándole, esta es la rocambolesca versión que Ana Julia defiende ante el juez.

"Yo estaba en el salón y entro a esa habitación y veo a Gabriel con un hacha", cuenta. A continuación le dice: "Gabriel dame el hacha que te vas a hacer daño, que te puedes hacer daño". Según relata, el pequeño le contesta: "¡No! No te la doy que siempre me estás mandando. Y yo no quiero que me mandes, que eres fea. Que yo quiero que dejes a mi padre. Que yo quiero que mi padre se case con mi madre y que te deje a ti".

Confiesa que no se acuerda si tras ese momento le quitó el hacha, que sólo recuerda de que le puso "la mano en la cara" para que dejara de decirle "esas cosas, y de chillar". Al ser preguntada si con la mano le tapó la boca y la nariz, confiesa que le tapó "todo" con la intención de que "dejara de decir esas cosas".

"Cuando ya dejó de chillar y todo, le quité la mano de la boca. Y me acuerdo, sí, que cuando le quité la mano el niño ya no respiraba", relata. Tras ello, salió a la calle porque "no sabía qué hacer" y reconoce que lo único que pensaba era: "¡Qué le voy a decir yo a Ángel!". "Entonces se me ocurre, veo por allí una pala y digo, 'pues lo entierro aquí al niño'", concluye.

Sin embargo fue capaz de colocar una falsa prueba, una camiseta del niño para intentar despistar a los investigadores. Según ella para darle esperanzas al padre.

La transcripción completa de la declaración de Ana Julia

- Juez instructor: El día 3 de marzo pasó algo con la camiseta. Cuénteme lo que pasó.

- Ana Julia: Yo tenía toda la ropa en La Molina, en la bolsa y como veía a Ángel tan preocupado y todo eso pensé: voy a dejarla por allí. Y me llevo a Ángel a andar por allí. Y vamos allí y Ángel estaba hablando por teléfono en el coche y yo me quedo en la zanja. En la zanja. Y ahí es donde pongo la camiseta antes de que Ángel la…

- J: La sacó usted de su mochila o lo que llevara y la dejó allí, ¿no?

- A: Sí, la dejé allí. Le digo: "Ángel, aquí hay algo" y Ángel baja… Y le digo: "La camiseta del niño".

- J: ¿Ese día ya se había ofrecido por parte de la familia una recompensa de 10.000 euros para dar a alguna persona que ofreciera pistas sobre el paradero del menor?

- A: No me acuerdo.

- J: Quizás su intención al poner la camiseta allí era dejar una pista para de alguna forma poder cobrar esa recompensa de 10.000 euros.

- A: No. No, no.

- J: Yo se lo tengo que preguntar. ¿Fue así o no fue así?

- A: - No, no. No fue así.

- J: ¿Qué pasó después de comer?

- A: Pues después de comer... Esperé que tengo la cabeza un poco...

- J: No se preocupe, usted con tranquilidad.

- A: Después de comer, él acabó antes que nosotros y nos dice "Me voy a jugar con los amigos, con los primos". Y le dice la abuela "Estate quieto un ratillo que todavía ellos estarán comiendo". Entonces lo aguantamos unos 5 minutos o así más o menos, pero ya se marchó.

- J: ¿Sobre qué hora si se puede usted acordar?

- A: Pues sobre las... Eran las tres y 35 cuando la abuela le dijo eso y pasarían unos 5, 8 minutos más o menos.

- J: El niño sale y lo ven ustedes... ¿Desde dentro de la casa ven como el niño sale al camino de tierra aquél que hay delante de la casa?

- A: Yo la única imagen que tengo del niño es parado en la verja. La abuela dice que lo vio irse para allá. Pero yo no le vi. Yo luego a los 10 mints me marché.

- J: ¿A dónde se marchó? ¿O dónde quería ir usted?

- A: A Rodalquilar a pintar la puerta y la lavadora.

- J: Vale. ¿Y qué es lo que pasa?

- A: Pues que veo a Gabriel ahí con un palito.

- J: ¿Pero dónde estaba él? ¿Fuera de La Molina?

- A: Estaba fuera de La Molina.

- J: ¿En el camino?

- A: Dentro de la hierba, con un palito. Le digo, "Gabriel, ¿qué haces ahí?". Y me dice... Perdóneme, perdóneme.

- J: No pasa nada. ¿Qué conversación tiene ustedes?

- A: Le digo, "Venga, súbete al coche y vente conmigo a Rodalquilar, que voy a pintar y ahora te traigo". Y nos fuimos allí a Rodalquilar.

- J: ¿Él estuvo conforme en ir a Rodalquilar?

- A: Sí, sí. Porque yo le dije, "Ahora te traigo".

- J: Entran a la casa los dos juntos o entra usted sola?

- A: Entro yo sola.

- J: Y ¿qué es lo que hace allí dentro?

- A: Pues levanto las persianas, quito la alarma, levanto las persianas, abro las puertas para el olor de la pintura para ventilar la casa. Y Gabriel mientras pues se queda por fuera.

- J: En un momento dado, al parecer el niño entra en la casa.

- A: Sí.

- J: ¿Qué es lo que sucede? ¿Usted estaba ahí o estaba en el salón?

- A: Yo estaba en el salón y entro a esa habitación y veo a Gabriel con un hacha.

- J: El hacha qué era, ¿un hacha grande, pequeña?

- A: Pues mediana...

- J: Así. Vale. ¿Mango de plástico, mango de madera?

- A: Mango de madera.

- J: Mango de madera y la hoja de metal.

- A: Sí.

- J: Vale. ¿Qué sucede a continuación?

- A: Pues le digo, "Gabriel dame el hacha que te vas a hacer daño, que te puedes hacer daño". Y me dice, "¡No! No te la doy que siempre me estás mandado. Y yo no quiero que me mandes, que eres fea. Que yo quiero que dejes a mi padre. Que yo quiero que mi padre se case con mi madre y que te deje a ti. Que tienes la nariz muy fea, que yo no te quiero". Que no sé qué...

- J: Eso, esas cosas que le dijo en ese momento...

- A: Porque yo le quitaba el hacha.

- J: Al tiempo que el niño decía esas cosas, ¿el hacha la seguía teniendo en la mano, o la había dejado en el suelo, o la tenía usted porque se la había quitado?

- A: Pues ahora mismo no me acuerdo... Yo solamente no me acuerdo de ese momento.

- J: Cuénteme lo que se acuerda usted.

- A: Yo le puse la mano para que dejara de decirme esas cosas, y de chillar, porque estaba chillando, en la boca.

- J: Con esa mano, ¿se la puso en la boca y la nariz?

- A: Sí, le tapé todo.

- J: Vale. ¿Su intención cuál era?

- A: Que me dejara de decir esas cosas.

- J: Que le dejara de decir esas cosas. ¿Durante cuánto tiempo más o menos cree usted o recuerda o estima que pudo tener la mano puesta en la boca de este niño?

- A: No me acuerdo. No lo sé.

- J: Eso no se acuerda. ¿Qué paso a continuación?

- A: Cuando ya dejó de chillar y todo, le quité la mano de la boca. Y me acuerdo, sí, que cuando le quité la mano ya el niño no respiraba.

- J: ¿En el suelo usted le seguía tapando la boca al niño? ¿O no?

- A: No, no, no. Yo le dejé y me fui a fumar unos cuantos cigarros porque no sabía qué hacer.

- J: ¿Qué hace usted a continuación?

- A: Pues después de fumarme los tres o cuatro cigarros, me salgo a la calle y no sabía qué hacer, me estaba volviendo loca. Lo único que pensaba, "¡Qué le voy a decir yo a Ángel!". Al padre de Gabriel.. Que le he quitado lo más grande que tiene. Entonces se me ocurre, veo por allí un hacha y digo, "Pues lo entierro aquí al niño".

- J: ¿Qué vio usted? ¿Un hacha?

- A: Sí, había allí un hacha en el jardín.

- J: ¿Un hacha distinta al hacha que llevaba el niño?

- A: ¡No! Un hacha no. ¡Una pala!

- J: Ah, una pala.

- A: Una pala, perdón.

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