Han pasado nueve años, suficientes para escapar de la euforia acumulada por el dominio absoluto que los de Del Bosque ejercieron y darse cuenta de lo realmente difícil que es llegar hasta la gloria. Eso hace valorarlo aún más.

La plantilla, desde luego, era para creer en lo más grande, con capitanes como Carles Puyol, Xavi Hernández e Iker Casillas. Una plantilla de ensueño con figuras de la talla de Xabi Alonso, David Villa, Gerard Piqué, Sergio Ramos, David Silva, Víctor Valdés, Fernando Torres, Cesc Fábregas y, como no, Andrés Iniesta. Todos jugadores de primer nivel mundial, personas que han marcado su propia historia y colectiva con letras de Oro.

Así vivimos el potente tiro cruzado de Iniesta, un gol que nos hizo volar más alto de lo que el dios fútbol nos había hecho hacerlo nunca. Ese momento que nos hizo vibrar y gritar de euforia. También recordar las paradas de Casillas, sobre todo la de Arjen Robben cuando casi estaba ya vencido.

La fiesta duró semanas, primero en España viendo imágenes de los jugadores en Sudáfrica. La gente salió en tromba a la calle, sólo se quería celebrar lo nunca visto, la primera estrella encima del escudo en las elásticas de la selección roja.

Cuando llegaron a España, una magnifica 'rúa' siguió por todas las calles de Madrid, pasando por Colón y Madrid Río a orillas del Manzanares, otro icono del fútbol nacional. Los campeones ofrecieron a todos los hinchas de la nacional la tan ansiada Copa del Mundo. Desde luego la resaca también duro varias semanas.