Pistolas táser

Pistolas eléctricas: entre la defensa personal y la polémica

Su uso se extiende en los cuerpos de seguridad, mientras crece el debate sobre sus riesgos y regulación.

Pistola táser.

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Las pistolas eléctricas, más conocidas popularmente como 'pistola táser' se han convertido en una herramienta cada vez más empleada en los cuerpos policiales, pero pocas personas saben cómo funcionan realmente y hasta qué punto son seguras.

En Antena3 nos hemos puesto en contacto con Robert Monzonis, instructor de tiro en ASEPOL y experto en pistolas eléctricas para conocer de primera mano qué características tiene su uso frente a otro tipo de armas. Robert nos asegura que “la defensa (popularmente conocida como “porra”) puede causar lesiones mucho más graves que la pistola eléctrica”.

"Si se utilizan correctamente permiten controlar de manera no letal a una persona"

Ante la pregunta que muchos se hacen, acerca de si pueden poner en riesgo la vida de la persona que recibe la descarga nos aclara que “son herramientas que, si se utilizan correctamente, permiten controlar de manera no letal a una persona sin causar prácticamente lesiones. Este tipo de pistolas transmiten una corriente eléctrica de entre 1 a 2 mA. Para que haya un riesgo cardiaco se tendrían que producir más de 50 mA, por lo tanto estamos lejos de esa cantidad”.

Según el tipo de intervención, Monzonis nos explica que estas pistolas se pueden usar a una distancia de mínimo 2 metros: “La pistola lanza unas sondas que alcanzan a la persona y se clavan con un pequeño arpón de alrededor de 1 cm en la ropa o en el cuerpo, lo que permite una corriente eléctrica que produce una incapacitación neuromuscular de la persona completa y que esta caiga al suelo porque no puede seguir manteniendo las piernas y los brazos operativos”, detalla.

En caso de que no se disponga de distancia respecto al sujeto al que reducir “podemos hacer el método descarga directa con contacto directo: en este caso tocaríamos el cuerpo de la persona con los dos electrodos de la persona produciendo un efecto de sumisión mediante dolor. No sería una incapacitación completa como con las sondas pero sí que permitiría un cierto control de la persona. Esto podría dejar algo más de lesiones por la quemadura del impacto”.

El experto, Robert Monzonis lo tiene claro: “es una herramienta que si se utiliza correctamente, la máxima lesión que podría producir es la caída de la persona, alguna quemadura o herida de hasta 1 cm en la piel, pero no un paro cardiaco”.

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