Ricardo asegura que estudian que este edificio se convierte en un apartahotel porque lo que se han gastado e invertido "no compensa con los precios inmobiliarios que hay en Linares". El afán de ahorrar costes en la mano de obra ha llevado a Ricardo a convertirse incluso en gruista profesional. "Yo necesito controlar mi propia grúa y no puedo contratar a una persona. Ricardo ha cuidado todos los detalles del inmueble. En el caso de las plazas de garaje ha dejado una instalación para futura carga de coches eléctricos.

Calcula que en cuatro años habrá terminado el edificio. El próximo paso es realizar los interiores del inmueble. "Bajo ningún concepto renunciaré a la calidad en pro de querer terminar antes", destacaba.