Cierre de negocios
El mercadeo de pastillas vacía el Raval, en Barcelona: "Nadie quiere estar en un negocio donde en la puerta tienes a 50 personas traficando"
Un mercado clandestino de medicamentos dispara la violencia en la Rambla del Raval y empuja a comerciantes y clientes a huir del barrio.

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La Rambla del Raval, en pleno centro de Barcelona, vive un deterioro que ya se refleja en algo muy visible: los negocios están empezando a desaparecer. Donde antes había bares, restaurantes o pequeños comercios que abrían cada mañana, ahora hay persianas bajadas, carteles de traspaso y locales que directamente han echado el cierre.
Los vecinos señalan a un fenómeno que, aseguran, se ha hecho habitual en la zona: la reventa de medicamentos en plena calle. Un mercado clandestino que, según denuncian, se produce a plena luz del día y que está generando un clima de inseguridad que ahuyenta a clientes y visitantes.
"Cincuenta personas traficando en la puerta de tu negocio"
"Hay una sensación de inseguridad que provoca que haya gente que no quiera venir aquí", explica un vecino del barrio. "Nadie quiere estar en un negocio donde en la puerta tienes 40 o 50 personas traficando medicamentos. Se ponen muy violentos".
Los residentes describen escenas que, dicen, se repiten a diario: grupos que compran y venden pastillas a pocos metros de los comercios, discusiones y peleas frecuentes y un ambiente cada vez más tenso.
Según cuentan, esas pastillas se venden por apenas unos euros. "Las revenden a dos o tres euros. Se hacen un cóctel que les pega un subidón… y les da lo mismo tres que treinta y tres", relata otra vecina.
El problema, aseguran, no se queda solo en el trapicheo. La violencia también está presente. Este mismo lunes por la mañana, dos personas se han apuñalado en la zona, en un enfrentamiento en el que, según los vecinos, ambos llevaban armas que utilizaban para robarse entre ellos.
Adiós al negocio de toda la vida
Ese clima ha terminado golpeando directamente al comercio. Cada vez son más los locales que deciden marcharse ante la falta de clientes y la inseguridad en la calle. Y el efecto dominó preocupa a los residentes.
"La Rambla del Raval está totalmente perdida. Por eso los negocios pliegan. Y cuando se cierra un negocio, nadie se atreve a abrir ya nada", lamenta otra vecina.
Mientras tanto, los comerciantes que todavía resisten lo hacen, dicen, rodeados de miedo y con menos clientes cada día, en una calle donde las persianas bajadas empiezan a ser ya demasiado habituales.
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