Gastronomía
El nuevo lujo turístico ya no solo se mide en estrellas, también se saborea
La gastronomía gana peso en la experiencia del viajero, que cada vez busca descubrir el destino a través de sus productos, sabores y propuestas culinarias.

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El lujo turístico ya no solo se mide por las estrellas de un hotel, la amplitud de una suite o las vistas desde una terraza. Cada vez más viajeros buscan experiencias capaces de conectar con el destino y, en esa transformación, la gastronomía se ha convertido en una pieza fundamental. Hoy, el turismo premium también se sirve en el plato.
En los desayunos, almuerzos o cenas de muchos hoteles, la experiencia culinaria ha dejado de ser un complemento para convertirse en un atractivo en sí mismo. El viajero ya no solo quiere visitar un lugar: quiere probarlo, entenderlo y descubrirlo a través de sus sabores.
El producto local como protagonista
En el Hotel Santa Catalina, en Las Palmas de Gran Canaria, Roberto Díaz Salazar prepara elaboraciones donde el producto local gana protagonismo. Una simple tosta puede transformarse en una experiencia gastronómica que potencia el producto de la tierra.
“Vamos preparar una tosta con tomate y otra con aguacate, queso canario Flor de Guía y un poquito de jamón ibérico”, explica mientras prepara una de sus elaboraciones. Sobre una base sencilla de pan de centeno, combina ingredientes de proximidad. Tomate de La Aldea, municipio de Gran Canaria con amplia tradición tomatera. Aguacates cultivados en Mogán, que tienen más sabor debido al sol imperante de forma característica casi todo el año en esa zona de la isla.
Destaca el papel del queso de Flor de Guía, uno de los buques insignias de la gastronomía grancanaria. Se trata de un queso especial hecho con cuajo vegetal, que se realiza gracias a la flor del cardo. “El queso somos número uno. A la gente siempre le gusta porque no son quesos muy fuertes, son semicurados, cremosos”, explica mientras incorpora pequeñas porciones sobre las tostas.
Ricardo no escatima en terminar cada tosta con un buen chorrito de aceite, siempre de oliva virgen extra, y en este caso producido en Fuerteventura. Una apuesta que, asegura, busca potenciar la identidad gastronómica del territorio y el sabor. “Siempre intentamos potenciar el producto canario, producto local, porque la fruta y la verdura aquí suelen ser más dulces por el sol”, explica.
El jamón ibérico, el toque estrella que no puede faltar
Roberto lleva siendo cortador de jamón desde 2008 y asegura que elige él mismo las piezas que sirve. En una experiencia gastronómica de este tipo también importa cómo se sirve cada ingrediente. El jamón ibérico, cortado a cuchillo, representa para Roberto otro ejemplo de cómo el detalle forma parte de la experiencia. “El jamón realmente se tiene que cortar a cuchillo, porque si lo cortas a máquina, la cuchilla gira muchas revoluciones, lo calienta y pierde propiedades”, explica.
Las lonchas finas terminan coronando las tostas: una elaborada con tomate canario, queso y jamón; otra con aguacate de la isla, queso flor de guía, jamón ibérico y aceite majorero.
La gastronomía se ha convertido en una forma más de conocer un destino. Lo que antes podía considerarse únicamente restauración hoy forma parte del viaje, especialmente entre quienes buscan experiencias más exclusivas o diferenciadoras.
La evolución del sector turístico muestra cómo el concepto de lujo continúa transformándose. Ya no se trata únicamente de alojarse en establecimientos exclusivos, sino de vivir experiencias auténticas, conectadas con la cultura local y capaces de generar recuerdos. Porque el nuevo turismo de lujo ya no solo quiere visitar Canarias. También quiere saborearla.
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