Acogida

Así es la madre de acogida de 25 menores en casi dos décadas: "Cada niño es una lección de vida"

Río Casado, a sus 58 años, es una veterana madre de acogida de Zamora. 25 niños y niñas, la mayoría bebés, han pasado por sus manos mientras se les ha apartado de su familia biológica hasta que se resuelve su futuro.

Río, la madre de acogida de 25 menores en casi dos décadas

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En el suelo de la cocina permanece inmóvil un cochecito de plástico, bajo la mesa junto a la pared. Nadie juega con él desde hace semanas. Pero Río se resiste a guardarlo en la caja de los juguetes. No todavía. Hace menos de dos meses que la última niña que ha tenido en acogida se fue de su casa con su familia adoptiva. Ese cochecito, cuenta Río, y decenas de fotos pegadas en la puerta de la nevera es el legado del menor número 25 al que esta vallisoletana afincada en un pueblo de Zamora ha dado cobijo desde que se estrenó como madre de acogida hace ahora 18 años.

En cualquier momento puede sonar de nuevo el teléfono anunciando que un bebé necesita urgentemente un hogar, pero un hogar temporal. Las familias de acogida son quienes se hacen cargo de los menores que son apartados de sus familias biológicas hasta que encuentran una familia adoptiva idónea para ellos o regresan con sus progenitores gracias al programa de reunificación familiar. Ese agujero en la vida de los pequeños es el que familias como la de Río intentan tapar con un cariño súbito e incondicional, pero con fecha de caducidad. Las familias de acogida saben que habrá un día que tendrán que afrontar una despedida que, aunque anunciada, siempre duele.

Que suene el teléfono anunciando una nueva acogida no es una buena noticia para nadie. "Es duro por las circunstancias con las que llegan todos los niños. Situaciones de consumo de drogas y alcohol durante el embarazo. Casi siempre vienen con problemas y son niños que llegan muy dañados. Si estuvieran bien no se pensaría en nosotros para cuidarlos, sino que estarían con sus padres", explica.

"Las despedidas son indispensables, pero siempre hay un nuevo reencuentro"

En 25 ocasiones ha pasado Río por el trance que supone decir adiós a un pequeño. "Te quedas con mucho amor que no sabes ni cómo gestionarlo", reconoce. Siendo bebés no recordarán que una etapa de su vida la pasaron en una familia de acogida. Cuenta Río que una vez que crecen hay padres que cuentan su historia de vida a sus hijos adoptivos y les hacen partícipes de quién fue esa familia "puente", justo cuando más vulnerables fueron. Y permiten que sus hijos sigan en contacto con los acogedores.

En el paréntesis entre la última marcha y la próxima llegada entra en juego la logística para estar preparada para la siguiente acogida, pero también como terapia. "Yo cuando se va un niño recojo todo, porque siento tanta pena que guardo su cuna, su silla, casi todo, pero tienes que estar preparado porque en cualquier momento recibes de nuevo la llamada. Y corriendo voy a la farmacia a por pañales, leche para los biberones, etcétera". Así es como la maquinaria del cariño, siempre engrasada y a punto en estas familias, vuelve a entrar en funcionamiento. "La casa siempre está preparada".

"Las acogidas más breves siempre son las renuncias", explica esta veterana. Son las 16 semanas que transcurren entre la decisión de una madre de renunciar a su recién nacido hasta que ha de ratificar esa decisión para que el niño de vaya en adopción. Su acogimiento más largo ha sido de dos años. "Son los más duros, porque a más tiempo, más apego".

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