GASOLINERAS

Quedamos en la gasolinera: "Se han convertido en un centro social, algunas son el único bar en kilómetros"

Nos fijamos en ellas por el precio del combustible y acabamos descubriendo que hay algo más. Las gasolineras han dejado de ser sólo un lugar de paso. Suman servicios para nuevas necesidades, que también han generado algo inesperado: comunidad.

imagen archivo gasolinera

imagen archivo gasolineraEfe

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Solo hay que pasar unos minutos en la estación de servicio LAG A Sionlla, de Santiago de Compostela, para darnos cuenta el cambio. El movimiento no se limita a los vehículos. Dentro, el ritmo es otro, porque aquí no solo se reposta. A la oferta habitual de carburante han sumado supermercados, restaurantes, duchas, lavanderías, puntos de carga eléctrica y áreas de descanso. Una suma de servicios que ha generado una comunidad propia.

Una pausa compartida

Para camioneros como Manuel, estas estaciones son una extensión de la carretera. "Paras, comes, descansas…haces vida", explica. En trayectos largos, encontrar un lugar donde todo está a mano, ducha, comida y descanso, convierte la parada en parte esencial del viaje. Los taxistas también han incorporado estos espacios a su rutina. Fernando lo cuenta mientras espera a que su coche eléctrico termine de cargar: "Siempre acabas viniendo. Coincides con gente, charlas un rato…". La parada técnica se convierte así en una pausa compartida.

Más allá del tránsito profesional, están los vecinos. "Tienen de todo", resume Marcos, vecino de la zona. "La gente viene a repostar, pero también a comer, a usar la lavandería… y porque aquí se está bien". No hay nada extraordinario en lo que ocurre, y quizá por eso funciona. María Alejandra lo explica sin darle demasiadas vueltas: "Las tapas están muy ricas, pero sobre todo hay ambiente. Sabes que siempre va a haber alguien".

Arcadio lo resume con una imagen reconocible: "Son como las tabernas del pueblo. Estamos los de siempre". Esa comparación cobra aún más sentido cuando se mira hacia entornos rurales. En Rois (A Coruña), una estación de servicio ha asumido un papel que antes ocupaban varios negocios. Hoy es tienda, lugar de reunión y el único bar en kilómetros.

"Me hacen compañía, esto está apartado"

Juan, su encargado, nos lo describe. "Cada tarde a partir de las ocho empiezan a llegar vecinos. Se toman algo, hablan…". Pero hay un matiz que va más allá del servicio: "Me hacen compañía. Esto está apartado y estar solo a veces es duro e inseguro". La clientela habitual lo confirma. José acude cada día sin excepción. "Es el mejor de la zona, porque es el único", nos cuenta y suelta una carcajada sonora. Suso, a su lado, añade: "Quedamos aquí siempre. Hay ambiente". Y con eso basta.

Detrás de esta transformación hay razones prácticas. Horarios amplios, concentración de servicios y la desaparición progresiva de pequeños comercios en determinadas zonas. Pero también hay una lectura social. Las gasolineras están ocupando un espacio que había quedado vacío. Lo que empezó siendo una solución funcional ha terminado generando un nuevo punto de encuentro. Hay quien entra a por pan, quien se sienta a comer o quien aprovecha para poner una lavadora. En los surtidores se habla de precios; en la barra, de la vida. Porque sí, venimos por el combustible. Pero cada vez más, nos quedamos por todo lo demás.

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