Atragantamiento
Tres guardias civiles de Lugo le salvan la vida a un niño de 2 años por segundos: "Con él respiramos todos"
El pequeño Bruno todavía no es consciente, pero ha vuelto a nacer. Un pico de fiebre lo dejó inconsciente y sus padres corrieron a la Comandancia en busca de ayuda. El resto es una bonita historia con final feliz.

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Ha terminado siendo bonita, pero lo cierto es que esta historia es una de esas que nadie querría vivir. De las que te ocurren un martes cualquiera, cuando te encuentras tranquilamente en tu casa sin hacer nada en concreto y, de repente, te ponen la vida patas arriba.
Fue lo que les ocurrió a Noelia y José Manuel, los padres del pequeño Bruno, de apenas dos años de edad. La madre fue la que dio la voz de alarma cuando vio que su bebé perdía el conocimiento. Tras hacer una serie de gestos raros, se desmayó. "Yo no sabía qué le pasaba, llamé a José a gritos", relata. Vieron que el niño empezaba a ponerse azul y se dieron cuenta enseguida de que no había tiempo de esperar a la ambulancia. "No respondía, no sabíamos por qué", explican. Llamaron a emergencias, pero decidieron actuar de inmediato y tomaron la mejor decisión posible, la que le salvó la vida a Bruno: bajar al cuartel de la Guardia Civil.
La profesionalidad y empatía de los agentes fueron determinantes
Con el pequeño inconsciente y el corazón encogido, salieron corriendo. "Nos habíamos puesto en lo peor", admiten. Pero se encontraron con tres superhéroes de capa verde que reaccionaron rápido, con profesionalidad y empatía. César González, Ángel López-Rubinos y Diego Santomé conjugaron la calma y el saber hacer y llevaron a cabo el que han definido como el servicio más satisfactorio de su carrera. Y ojo, que no es corta: 30 años llevan en el cuerpo que, sin duda, han sido fundamentales para actuar con el aplomo con el que lo hicieron.
Bruno posiblemente había tenido, apuntan los médicos, un pico de fiebre que lo había dejado inconsciente y que, a su vez, le había provocado un atragantamiento que amenazaba con un final fatal. Ángel fue el primero en coger al niño en brazos. Lo puso boca abajo y le provocó el vómito, mientras sus compañeros ya estaban llamando a la ambulancia y calmando a unos padres que no podían más.
Apenas unos segundos después, el silencio se rompió con el sonido más esperado. Un llanto que, paradójicamente, despertó las risas de tranquilidad de todos los presentes. “Es un alivio gigante pensar que ha salido todo bien, pero el mal cuerpo no nos lo quita nadie”, reconocen los agentes, que por más orgullosos que hoy se sienten de su intervención, preferirían no haber tenido que realizarla. “Cuando se lo llevaron, te quedan los nervios”, explican.
Conocer el protocolo es la diferencia entre la vida y la muerte
Los padres, como es lógico, no tienen más que palabras de agradecimiento. Llegaron a pensar en una muerte súbita; se pusieron en lo peor, relatan. Tienen dos hijos mayores, de 13 y 16 años, pero nunca se habían enfrentado a nada similar.
Cuentan estos agentes que ver llegar a un hombre con un niño en brazos, que no se movía y gritando que no respiraba, "fue tremendo". Llegaron a pensar que no lo iban a conseguir, reconocen los guardias civiles todavía con emoción en los ojos: “Con él, respiramos todos", manifiestan. La formación en primeros auxilios de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado fue determinante: "Conocer el protocolo es la diferencia entre vivir o morir".
El pequeño fue trasladado al Hospital Universitario Lucus Augusti (HULA), de Lugo, por precaución. Por suerte, recibió el alta poco después y este jueves pudo ya reencontrarse con sus salvadores. Completamente ajeno al revuelo, las sonrisas, las muestras de cariño y todas las fotos que le tomaron para el recuerdo, Bruno sigue con su vida, con la vida feliz de un pequeño de 2 años que tiene ya su primera aventura que contar.
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