Fatima Shabe, refugiada siria con metástasis que no puede ser tratado en Líbano, junto a uno de sus cuatro hijos

Publicidad

LA GUERRA SIRIA EN LÍBANO (3/4) | SIN MEDICINAS NI VACUNAS

Tratarse en Líbano es más caro para los refugiados enfermos que volver a Siria: “No quiero esperar a la muerte”

La situación sanitaria entre los refugiados sirios es tan grave que algunos se plantean volver a un país en guerra para intentar curarse. Como Líbano no proporciona servicios relacionados con la salud, son las ONG las que están sustituyendo al Estado en esta labor, pero carecen de los recursos suficientes.

Alba Gómez Varela | @Alba620 | Líbano
| 25.08.2016 14:05

“No quiero esperar a la muerte en Líbano”, confiesa Fatima Shabe, una refugiada siria de 39 años con metástasis que no ha podido ser tratada en este país debido a la falta de recursos. Por eso, ha estado ahorrando para poder volver a Siria a medicarse, lo que le saldría mucho más barato.

El drama que vive esta mujer con cuatro hijos se repite en todo el país a pesar del esfuerzo de las organizaciones sanitarias para subsanar las deficiencias del sistema público. Es Estado es incapaz de absorber a, al menos, 1.033.513 refugiados que tiene contabilizados el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) –no se registran legalmente refugiados desde mayo de 2015 por petición del país anfitrión–, de los cuales alrededor del 80% son mujeres y niños.

La situación económica de los refugiados sirios en Líbano es muy pobre. Más del 70% de las familias sirias refugiadas en Líbano viven bajo el umbral de la pobreza, que es 3,84 dólares al día, y el 50% de esta población vive por debajo del nivel de extrema pobreza.

Muchas familias viven en asentamientos informales, como garajes, parques, antiguas escuelas o edificios a medio construir

Al no existir campos de refugiados oficiales, muchas familias se ven obligadas a vivir en asentamientos informales, como garajes, parques, antiguas escuelas o edificios a medio construir. En invierno se dificulta aún más la supervivencia de más de la mitad de los refugiados sirios que viven en condiciones de subsistencia, según explica Matthew Saltmarsch, responsable senior de Comunicación de Acnur en Líbano. Desde Médicos Sin Fronteras añaden que este hecho, junto a que no tienen acceso al sistema público de salud y que las medicinas son muy caras, repercute directamente en la salud de estas personas.

Líbano no atiende a los refugiados enfermos

Para suplir la falta de asistencia, derecho recogido en la Carta Universal de los Derechos Humanos, las ONG, organizaciones y agencias internacionales están sustituyendo al Estado libanés en la atención sanitaria y trabajando de manera coordinada tanto en centros propios como en unidades móviles. Saltmarsch subraya que, además, les proporcionan otro tipo de servicios, como agua potable o saneamientos.

Instalaciones de la unidad móvil de la Cruz Roja Libanesa en An Houm, en Líbano | Alba Gómez Varela | Rosa Soto

Sin embargo, la ayuda ofrecida por estas entidades es insuficiente, como lamenta Leila Jaber, directora del Departamento Médico-Social de la Cruz Roja Libanesa: “Tenemos todo tipo de necesidades”. De hecho, siempre hay tratamientos que no pueden ofrecer porque los recursos no alcanzan para cubrirlos, lo que provoca desde malestar entre los refugiados y dificultad para que puedan desarrollar su vida de un modo completa, hasta la muerte.

"Tenemos todo tipo de necesidades"

En sus unidades móviles y en los centros de Médicos Sin Fronteras se puede observar la escasez de material y el esfuerzo de los trabajadores para que salga adelante. Un panorama más desolador si cabe es el que se ve en pueblos alejados de la capital, como An Houm, en la región de Saida, donde se atiende a los enfermos en un centro polivalente destinado al uso sanitario una vez a la semana. La consecuencia es que los habitantes de las regiones más remotas sólo pueden acudir al médico una vez a la semana, y si tienen la suerte de que haya alguna unidad móvil que trabaje en la zona.

Aunque no todas las enfermedades revistan extrema gravedad, el no tratarlas puede empeorarlas e impedir que los enfermos puedan trabajar y sustentar a su familia, como le sucede al marido de Rabieh el Jaled, con el que tiene diez hijos, y que padece una hernia discal. Además, si estas dolencias ‘menores’ se agravan pueden llegar a complicarse y causar el fallecimiento del enfermo.

En las zonas remotas con más suerte hay médico una vez a la semana

Existen otros casos objetivamente menos graves pero que impiden el desarrollo completo de las personas, como el de Zakia Shaikho, refugiada sirio-kurda casada de 27 años. No puede tener hijos porque tiene un problema de ovarios cuyo tratamiento es “muy caro” –entre 4.000 y 16.000 dólares–, por lo que está considerando volver a Siria para tratarse, ya que “sería menos caro”.

Falta de medicinas básicas

Además de no poder atender todos los casos, otro punto controvertido es el de los medicamentos. Fatima Al Bernaby, enfermera de la unidad móvil de la Cruz Roja Libanesa en An Houm, lo señala como el principal problema, porque las medicaciones de las que disponen son insuficientes, sobre todo para tratar enfermedades crónicas. Por ello, Bassel Diab, médico en la misma unidad móvil, que trata a unas 50 personas diariamente, afirma que el problema más común que se encuentra en su relación médico-paciente es que “se vuelven agresivos cuando no hay medicinas” porque no tienen suficientes recursos.

"Se vuelven agresivos cuando no hay medicinas"

Este médico también tiene problemas con aquellos familiares de pacientes que le increpan por no ser un especialista en el problema del enfermo, pero para acudir a un especialista se debe ir a un hospital y en Líbano son de pago. Mounif Wehbe, médico generalista y pediatra de la unidad móvil de la Cruz Roja Libanesa en Baasir, tiene la misma sensación, sobre todo cuando faltan “inhaladores”, porque “es muy difícil conseguir medicinas”, lo que le hace sentirse “bajo mucha presión”. La falta de vacunas es otro de los asuntos que afectan directamente a los refugiados sirios, pues muchos menores no tienen la cartilla actualizada debido a que durante el conflicto algunos suministros no llegaron, comenta Al Bernaby.

Samia Dugman, Faten Ashkar y Lidya Bouteen, sanitarias de una unidad móvil de la Cruz Roja Libanesa | Alba Gómez Varela | Rosa Soto

Sin embargo, a pesar de las deficiencias en los servicios debido a la falta de recursos, los sanitarios están satisfechos con su trabajo debido a que perciben una evolución en sus pacientes, tanto de “confianza” como de estado de salud: “Lo sabemos todo de ellos”, se congratula Yolla Bouteen, coordinadora de la unidad móvil de la Cruz Roja Libanesa en Baasir. Al principio los pacientes tenían miedo porque pensaban que los médicos los dejarían de tratar en algún momento, pero “han ido ganando confianza con el paso de los años”, añade su hija Lidya Bouteen, que trabaja como voluntaria.

Enfermedades por la deficiente alimentación e higiene

En cuanto a las enfermedades más frecuentes, no existe una base de datos unificada y compartida entre las diferentes organizaciones. Sin tener en cuenta los campamentos irregulares de refugiados, el equipo de la unidad móvil de la Cruz Roja Libanesa en An Houm señala que las epidemias más frecuentes son sarna y leishmaniosis y otras enfermedades dermatológicas debido a la falta de recursos como la “mala calidad del agua y la falta de agua potable”, aunque depende de la época del año. Otros centros, como los de Médico Sin Fronteras en Chatila o la unidad móvil de la Cruz Roja Libanesa en Baasir, coinciden con esta apreciación e incluyen enfermedades crónicas como asma e infecciones respiratorias y otras afecciones derivadas de la mala alimentación, como diabetes, hipertensión y anemia, que en los últimos dos años se ha expandido en los niños de tres años. Asimismo, son comunes los problemas dentales graves.

Mirbat Muhammad, ginecóloga y obstetra de la unidad móvil de la Cruz Roja Libanesa en An Houm, también comenta que en las mujeres son muy frecuentes las infecciones vaginales y de transmisión sexual debido a “la falta de limpieza y de higiene entre las refugiadas y los hombres”, que se agravan en los casos de poligamia. Además, durante el embarazo requieren de cuidados específicos, por lo que en las organizaciones hay al menos una persona especializada en estos asuntos y, dependiendo de sus recursos, se hace un seguimiento más o menos exhaustivo.

"La violencia de género se está incrementando"

Además de tratar enfermedades físicas, los sanitarios tienen que abordar los problemas psicológicos de este grupo específico de población. Según la psicoterapeuta en el Centro de Atención Primaria de Médicos Sin Fronteras en Chatila, se tratan asuntos como la agresividad infantil, los trastornos de estrés postraumático o el control de las micciones. Del mismo modo, Muhammad explica que atienden los casos de violencia de género e intrafamiliar y se realizan terapias de grupo, aunque “la comunidad no permite hablar de estos temas”, matiza la trabajadora social Faten Ashkar. Gamoudi, coordinador de Área del sur de Beirut de Médicos Sin Fronteras, le quita importancia a estos casos: “La violencia de género no es la más alta del mundo”, aunque reconoce que “se está incrementando”. Además, las mujeres experimentan “depresión, ansiedad y problemas de disfunción sexual”, según la misma psicoterapeuta.

Prevención y educación sexual

Asimismo, los sanitarios de estas organizaciones indican que su trabajo también se centra mucho en la prevención. Por ejemplo, enseñan educación sexual, cómo emplear métodos anticonceptivos, preservativos y a mejorar la higiene íntima para disminuir el número de enfermedades de transmisión sexual y el número de embarazos –en algunas regiones, como el sur de Líbano, la media de hijos por refugiada es de diez, según José Luis Pozo, coordinador de la Cruz Roja Española en Líbano, aunque en otras como Chatila es de tres, matiza Zeidan–. No obstante, todos sostienen que no practican abortos –que están prohibidos en Líbano– ni en caso de violaciones y abusos sexuales, pero transfieren a estas pacientes “a otros médicos”, explica Samia Dugman, ginecóloga y matrona de la unidad móvil de la Cruz Roja Libanesa en Baasir.

Laila, refugiada siria, espera junto a su hijo enfermo en un centro de Médicos Sin Fronteras de Beirut | Alba Gómez Varela | Rosa Soto

La media de hijos por refugiada en algunas zonas del sur es de diez

Además, la mayoría de las organizaciones ofrecen clases de higiene, sobre todo dirigidas a las madres de niños, para evitar la proliferación de enfermedades cutáneas, de las más extendidas, e incluso dan geles y champús. Como subraya Gamoudi, también entienden que “comer es la prioridad para una familia que tiene 200 dólares al mes”, por lo que es un factor que tienen en cuenta durante la formación.

Financiación de los servicios no estales

El modo de costear la asistencia también difiere de unas organizaciones a otras. Desde Acnur cubren el 90% de las consultas de atención primaria y secundaria, pero no tratan todos los casos, como expone Abou: “Tenemos que dar prioridad a la cobertura de intervenciones para salvar la vida de los refugiados en términos de asistencia sanitaria secundaria porque es muy cara en Líbano y, por desgracia, no podemos cubrirlas para todo el mundo”.

La Cruz Roja Libanesa proporciona la atención de forma gratuita en sus centros, pero en el caso de que el paciente tenga que ser derivado a un hospital porque no puedan dar el servicio, sólo se hace cargo del 75% de la factura y es el beneficiario el que debe pagar el 25% restante. Después pueden volver a los centros y unidades móviles para hacerse el seguimiento.

Médicos Sin Fronteras, por su parte, cubre toda la asistencia y los tratamientos que ofrece. En el caso de que un paciente sea transferido a un hospital se hace cargo del 25% de los costes, mientras que Acnur se encarga del otro 75%. Si un recién nacido necesita un equipo especial, el hospital afronta un 90% de su coste y Médicos Sin Fronteras del 10%.

"No podemos cubrir la asistencia para todo el mundo"

En cualquier caso, es evidente que la atención sanitaria recibida por los refugiados como Shabe o el marido de Jaber en Líbano es deficiente debido a la no involucración del Estado y a los insuficientes recursos de los que disponen tanto los sirios como las organizaciones que trabajan en atenderlos. Esto les empuja a vivir en malas condiciones sanitarias, a empeorar hasta la muerte o a soluciones desesperadas como intentar volver a su país, una región en guerra, para poder tratarse.

La situación es especialmente preocupante teniendo en cuenta que no hay indicios que sugieran que la situación vaya a mejorar, lo que ha provocado que las necesidades empiecen a cambiar y los programas deban adaptarse al hecho de que los refugiados sirios van a permanecer en Líbano durante un largo periodo de tiempo. Siempre habrá “una gran distancia” entre las necesidades y lo que las organizaciones “puedan proporcionar”, concluye Saltmarsch.

Publicidad