La boda del año entre el príncipe Harry y Meghan Markle ha dejado un gran simbolismo. El anillo que Meghan lució después de la ceremonia pertenecía a Diana de Gales. Es una aguamarina que compró ella misma después de su divorcio con el príncipe Carlos. El príncipe ha dado las gracias a la diseñadora del traje de Meghan y aseguró que estaba "absolutamente increíble" Tampoco pasó desapercibido el ramo de la novia. Las flores fueron cortadas por el propio Harry horas antes del enlace. El reivindicativo sermón y el coro de gospel marcaron la presencia de la cultura afroamericana. El destino de su luna de miel no es ninguna casualidad. Los recién casados visitarán Namibia la próxima semana. El viaje se ha retrasado unos días por motivos de agenda. Parte del protagonismo también fue de los amigos íntimos de la pareja, que se han hecho con el hueco de las casas reales ausentes. Este fue otro detalle que ha convertido este enlace en una boda rompedora.