A la activista feminista Khalida Popal (Kabul, 1987) una lesión de rodilla la apartó de los terrenos de juego, pero no de su principal misión en el fútbol: "Defender la voz de cada mujer silenciada en el mundo", asegura ella con convicción.

En 2007 creó junto a otras compañeras la selección femenina de fútbol de Afganistán, un proceso difícil en un "país muy restrictivo, que además estaba en guerra. Las mujeres tenían y tienen dificultades allí para tener sus propios derechos como ser humano", explica.

Para ejemplificarlo, relata una de sus vivencias. "Un grupo de hombres se enfrentó a nosotras por jugar al fútbol y rompió nuestro balón. Nos dijeron que no teníamos derecho a jugar al fútbol y que pertenecíamos a la cocina", recuerda Popal, orgullosa de no haberse amedrentado.

"Cuando la gente se oponía a que jugáramos al fútbol, nos dimos cuenta de que necesitábamos un cambio y de que teníamos que luchar por nuestros derechos y para lograr que nos incluyeran en el orden social", detalla la exjugadora.

"Muchas mujeres se añadieron al proyecto e incluso la comunidad se unió en torno a nosotras. Ganamos mucho en confianza y vimos en el fútbol un objetivo vital", cuenta Popal sobre lo que significó la creación de la selección femenina.

La activista no olvida el riesgo que corrieron las integrantes de aquel equipo. "Arriesgamos nuestra vida y afrontamos muchos retos, tanto individual como grupalmente, pero nuestro objetivo era lo más importante", recuerda.

"Hoy en día, miles de mujeres, no solo en Kabul, sino en otras zonas del país, están jugando al fútbol. Por eso valió la pena", se felicita la joven afgana. De hecho, el riesgo para su vida fue tal que Khalida Popal tuvo que refugiarse en Dinamarca en 2011.

"Huí de mi país porque quería salvaguardar mi voz y servir de ejemplo a muchas mujeres alrededor del mundo para que usaran el poder del fútbol y del deporte en general", insiste. Pese al exilio, esta pionera sigue vinculada a su país, al apoyar "diferentes proyectos y actividades en Afganistán, sobre todo enfocados a ayudar a mejorar el modo de vida de las mujeres".

Khalida Popal, exfutbolista y excapitana de la selección de Afganistán de fútbol, huyó de su país tras años de amenazas e intentos de violación por parte de los máximos mandatarios del fútbol en su país de origen.

"Algunos de los representantes de la Federación comenzaron a abusar de nuestras jugadoras": es la brutal confesión de Khalida Popal, exfutbolista de la selección afgana, en una entrevista en 'El Mundo'.

'Girl Power'

En Dinamarca, Popal ha impulsado la entidad 'Girl Power Organisation', una asociación cuyo objetivo es usar el fútbol para facilitar la integración de las refugiadas en las sociedades locales.

"Al llegar a Dinamarca como refugiada, percibí la necesidad de crear un puente entre las inmigrantes, que viven en comunidades aisladas, y la sociedad local. Así que de nuevo decidí usar el poder del deporte para salvar esa barrera", concreta la activista sobre su último proyecto, que, como el primero, parte del balón.

Instalada en Copenhague junto a su familia, Khalida ha hecho una impactante confesión: acusa a Keramuddin Keram, presidente de la federación afgana de fútbol, de haber violado a menores de edad del equipo nacional de fútbol, en una habitación secreta instalada en su propia oficina.

"Yo comencé mi propia investigación. Encontré que el autor de esa violencia era el presidente de la Federación de Fútbol de Afganistán. Tiene una habitación secreta en su oficina donde mete a las niñas. Y allí las viola y después las suelta", aseguró la exjugadora.

Según ha asegurado, la víctimas que elegía no superaban los 15 años: "Las que fueron violadas fueron menores de edad. Niñas de 14 y 15 años. Las mujeres en Afganistán tienen que luchar contra toda una sociedad", afirma. A día de hoy, Keramuddin Keram, está suspendido por la FIFA.

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