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Tras la muerte de Mine, Alya solo quiere escapar de la tensión y encontrar un poco de calma. Cihan la lleva a un hotel y allí, entre abrazos y confidencias, los dos viven una noche muy especial.

La matriarca no se arrepiente de haber disparado a Mine y trata de justificar su decisión. Está convencida de que actúa para proteger a su familia y, sobre todo, a su nieto.