Inteligencia artificial
Rostros perfectos, voces 'limpias' y manos raras: claves para detectar el contenido de inteligencia artificial
Un estudio reciente alerta de que identificar imágenes, audios y vídeos generados por inteligencia artificial no es tan sencillo como parece y que la capacidad para detectarlos disminuye con la edad.

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Reconocer contenidos creados por inteligencia artificial no es nada fácil. Esa es la principal conclusión de un estudio reciente que advierte, además, que la capacidad para detectar este tipo de imágenes, audios o vídeos disminuye con la edad. En un momento en el que circulan cada vez más piezas hiperrealistas en redes sociales, la frontera entre lo auténtico y lo fabricado se difumina hasta el punto de generar una sensación creciente de incertidumbre: "Ya hemos llegado al punto de no saber qué estamos viendo", señalan algunos expertos.
La duda se ha convertido, incluso, en un juego. En internet se ha popularizado un reto viral: adivinar qué es real y qué ha sido creado por inteligencia artificial. La dinámica es simple: se muestran varias imágenes —a veces también audios— y se pide al usuario que identifique la auténtica. La respuesta, sin embargo, suele ser frustrante. "Ni idea", reconocen algunos participantes, que intentan apoyarse en detalles como el fondo o pequeños elementos del encuadre. Otros, directamente, se rinden: "Es que no es posible".
La dificultad queda clara con un ejemplo: ante la pregunta de cuál foto es la auténtica, la mayoría falla. La sorpresa llega después: ninguna lo era. El ejercicio pone en evidencia que las pistas que antes delataban lo falso ya no siempre funcionan, y que el ojo se equivoca con facilidad cuando se enfrenta a imágenes generadas con suficiente calidad.
Cuanto más edad, más baja la capacidad para reconocer contenidos
Para comprobarlo, un cuestionario ha puesto a prueba la capacidad de detección del público. El resultado es desigual, con algo más de acierto en unos grupos que en otros, pero con una tendencia que destaca: cuanto más edad, más baja la capacidad para reconocer contenidos generados por IA. La brecha no solo es técnica; también es cultural. La exposición diaria a formatos digitales, filtros y ediciones puede influir en la familiaridad con estos "trucos" visuales y sonoros.
Más allá de la anécdota del reto, el fenómeno tiene consecuencias. Esta nueva forma de "ver" la realidad preocupa porque abre la puerta a la confusión, a los engaños y a la circulación de material manipulado que puede presentarse como verídico. Si una parte del público no logra distinguir lo real de lo creado, la desinformación se vuelve más difícil de frenar.
Aun así, hay señales que pueden ayudar. En imágenes, los expertos recomiendan desconfiar de los tonos demasiado planos, las iluminaciones perfectas y los rostros excesivamente simétricos. Si no hay imperfecciones —brillos naturales, pequeñas sombras o irregularidades— puede que no sea real. En audios, conviene fijarse en voces "demasiado limpias": sin ruidos de fondo, con un tono mecánico o con pausas poco naturales. Y en vídeo, un punto clave suelen ser las manos: si aparecen difuminadas, suavizadas o con formas extrañas, hay motivos para sospechar.
Los consejos no garantizan el acierto, pero sí cambian la actitud: pasar de consumir sin cuestionar a mirar con atención. Porque, aunque distinguirlo sea cada vez más complicado, todavía es posible entrenar el criterio para no dar por cierto todo lo que aparece en pantalla.
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