Crimen de Benimamet

El tenso momento de la detención del asesino de Benimamet: la Policía encuentra el cadáver nada más entrar

Sale a la luz el vídeo de las cámaras corporales de los agentes en el momento de la intervención.

Crimen de Benimamet

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El juez que instruye el caso del asesinato de Juan Carlos Martínez García, el hombre de 59 años que fue apuñalado en un domicilio de Benimàmet el pasado 22 de febrero trata de esclarecer la casusa por la cual se produjo el crimen y, sobre todo, si se trata de un brutal asesinato en familia o un acto de legítima defensa.

Las investigaciones del grupo de Homicidios de la Policía Nacional de Valencia concluyeron que el autor material de las puñaladas que acabaron con la vida de este hombre fue el hijo de 34 años, sin embargo, también señalan que ambos progenitores participaron activamente en el suceso; la madre golpeando a la víctima con un bate en la cabeza y el padre sujetándole de las muñecas.

La principal prueba incriminatoria es el propio testimonio de la madre de Juan Carlos Martínez, que asegura que su hijo subió a la casa para pedir a sus vecinos que dejaran de hacer ruido. La mujer, de 87 años, trató de disuadir a Juan Carlos, que respondió: "Si no subo ahora van a estar así toda la vida".

Así lo declaró en el Juzgado 19 de Valencia, que se encarga del caso. Además, la octogenaria relató como desde el rellano vio la puerta entreabierta y a su hijo tendido en el suelo sobre un charco de sangre, mientras los tres acusados estaban encima de él y que, cuando pidió que pararan, la madre cerró la puerta del domicilio.

La actuación policial

La Policía llegó al bloque de viviendas después de que el 112 registrara 3 llamadas de los propios acusados, dos del hijo y una de su madre, en las que solicitaban una ambulancia con urgencia al número 14 de la calle Gabarda de Benimàmet. La grabación con la cámara que llevan los agentes y a la que ha tenido acceso el diario Las Provincias, muestra como los agentes, con la reglamentaria en la mano y uno con un táser, encuentran nada más entrar el cadáver de Juan Carlos y a la madre, que sale a la puerta y está en todo momento comunicándose con los agentes: "Ha venido el vecino de abajo y me ha amenazado", explica. "Me ha pegado en la cabeza y mi hijo se ha puesto nervioso", añade una vez los policías esposan al hijo, en estado de shock y que no opuso resistencia.

Después, la Policía continúa registrando el domicilio y encuentran al padre, enfermo de diálisis, tumbado en la cama y tapado con una manta, al que también engrilletan al ver manchas de sangre en sus manos. En la habitación en la que encontraron al progenitor del autor de las puñaladas también encontraron el bate con el que la madre habría golpeado presuntamente a la víctima.

Aunque ninguno de los tres acusados ha declarado todavía para dar una explicación sobre lo sucedido, tanto en la Policía como ante el juez se acogieron a su derecho a no declarar, su versión de los hechos, que se desprende de las manifestaciones espontáneas que realizaron a los primeros agentes que llegaron al domicilio y en su conversación con los operadores de Emergencias, habla de una posible legítima defensa.

Un trozo de dedo en la basura

La investigación de la Policía también reveló que la familia alteró parcialmente el escenario del crimen antes de que llegaran los primeros agentes. El cuchillo lleno de sangre, el presunto arma homicida, estaba en el fregadero de la cocina, mientras que el bate se encontraba en el dormitorio. Por otro lado, la Policía científica descubrió un trozo de dedo de la víctima en el cubo de la basura, junto a los restos de un plato de comida roto.

Este hallazgo podría apoyar la tesis de la defensa, que alega legítima defensa, y es que el vecino habría allanado la vivienda de forma violenta y tiró el plato mientras recriminaba a sus vecinos de forma airada por los ruidos. Lo que no encaja respecto a la versión que dio la detenida a los policías, es que el cuchillo lo trajera de casa su vecino, era de su cubertería, sino que más bien pudo cogerlo de la mesa.

El presunto autor de las cuchilladas tenía a su vez una herida incisa de dos centímetros en la mano izquierda, lesión compatible con haber repelido un ataque con arma blanca. Si es suficiente para ser considerada una legítima defensa o la desproporción es tan notable que no cabe ninguna eximente, un jurado popular deberá dirimirlo. Otros aspectos importantes será el informe de imputabilidad sobre el estado mental en el que se encontraba George Aurelian B. en el momento en el que asestó las cuchilladas a su vecino, y establecer el grado de participación de sus padres.

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