Golpe de calor
¿Qué debemos hacer ante un golpe de calor?: "Hay que enfriar el cuerpo con paños húmedos"
Los niños son más vulnerables ante un golpe de calor porque sus cuerpos tienen menor reserva de agua.

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Las altas temperaturas del verano convierten a los más pequeños en uno de los colectivos más vulnerables. Los expertos advierten de que su sistema de regulación de temperatura aún está inmaduro en los niños menores de cuatro años y esto puede multiplicar el riesgo de sufrir un golpe de calor en cuestión de minutos.
Para conocer los riesgos hablamos con Alberto Martell, responsable de la unidad de coordinación asistencial de Santa Cruz de Tenerife y médico del Servicio de Urgencias Canario que nos advierte de cuales son los síntomas a los que hay que prestar especial atención para saber si estamos ante un golpe de calor, sobre todo cuando se trata de niños. "Los síntomas son claros: una temperatura corporal elevada, por encima de los 39 grados, piel roja y caliente y completamente seca, sin sudor. Esto ocurre precisamente porque su cuerpo no está regulando de manera natural la temperatura, que es una peligrosa consecuencia de un golpe de calor". La señal de alerta es la pérdida de conciencia o el cansancio, según explica Martell.
¿Qué podemos hacer?
Cuando nos percatamos de que un niño puede estar sufriendo un golpe de calor lo primero que hay que hacer es llamar a emergencias, pero mientras llegan los facultativos es importante llevar al afectado a la sombra y ponerle agua fresca en la nuca, las axilas y las ingles, que son los puntos donde nuestro cuerpo tiene termorreguladores. "Hay que procurar enfriar el cuerpo de manera gradual con paños húmedos y procurar que beba agua", explica Martell
¿Qué no se debe hacer?
Lo que no se debe hacer bajo ningún concepto es sumergir al niño en agua fría porque podríamos provocar un shock térmico al cambiar bruscamente la temperatura corporal. El agua helada puede provocar un síncope por el cambio drástico de la presión arterial y la frecuencia cardíaca.
Aunque los niños menores de cuatro años son el sector de la población más vulnerable ante las elevadas temperaturas, también las personas mayores, las embarazadas o las personas con enfermedades crónicas son especialmente sensibles a posibles golpes de calor. Por eso, los expertos recomiendan mantener hidratación permanente, usar cremas de protección solar, no estar expuestos a temperaturas elevadas durante mucho tiempo y cubrirse la cabeza.
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