Salud mental
La crisis de la vivienda deteriora el bienestar emocional de los jóvenes: un 42% percibe mala salud mental
En el último año, el 63,5% de la población joven que estaba en situación de carencia material severa sufrió algún tipo de problema psicológico.

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La crisis habitacional, sumada a la precariedad y la inestabilidad laboral, está dejando una huella profunda en la juventud española. El 42 % de los jóvenes de entre 25 y 34 años afectados por la crisis de la vivienda percibe su salud mental como regular o mala.
Es un dato extraído del informe 'Habitar la incertidumbre: vivienda, juventud y malestar estructural', publicado por el Consejo de la Juventud de España, Fad Juventud y Oxfam Intermón y que pone de relieve cómo la crisis habitacional y la precariedad laboral van de la mano de una peor percepción de la salud mental entre la población joven, además de limitar sus proyectos de vida y expectativas de futuro.
Una "generación de inquilinos"
El incremento continuado de los precios del alquiler y los obstáculos cada vez mayores para acceder a una vivienda han transformado el modelo residencial de la población joven. El alquiler se ha consolidado como la opción predominante, hasta el punto de que la juventud actual es descrita como una "generación de inquilinos". En 2025, una de cada dos personas jóvenes emancipadas residía en una vivienda alquilada.
Las desigualdades económicas siguen marcando el acceso a la vivienda. La población joven destina de forma sostenida entre el 40% y el 50% de sus ingresos al pago de la vivienda, muy por encima del umbral recomendado del 30%. En el caso de los hogares unipersonales jóvenes, el esfuerzo es todavía mayor: desde 2017 supera el 80% del salario.
Más precariedad, más malestar
La precariedad y la inestabilidad laboral también pesan sobre la salud psicológica de la población joven y reducen sus opciones de futuro. En el último año, el 63,5% de quienes se encuentran en situación de carencia material severa sufrió algún problema de este tipo, frente al 52,4% de quienes no presentan ninguna privación.
Asimismo, disponer de pocos medios está asociado a una peor salud mental, lo que dificulta reunir dinero para atención psicológica y, al no recibir asistencia, empeora la percepción del propio malestar emocional. La mala salud mental aumentó del 7% al 19,3% para quienes tuvieron que renunciar a apoyo psicológico por falta de recursos en el último año.
Aumento de soledad no deseada
Por último, el análisis destaca que la falta de recursos también condiciona los vínculos, la vida social y la percepción de apoyo. Entre las personas jóvenes con carencia material severa, el 39,8% afirma sentir soledad no deseada con frecuencia. El porcentaje baja hasta el 19,6 % entre quienes no afrontan dificultades materiales.
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