ACOSO ESCOLAR

La brutal agresión a una menor en Lleida y una violencia cada vez más cruel: ¿Por qué aumentan los casos de acoso escolar?

La agresión a una joven de 14 años en Lleida ha reabierto el debate sobre el aumento de casos de acoso escolar y la violencia de los jóvenes. Marina Marroquí, educadora social, advierte que se debe a que nos encontramos en "una sociedad que premia la agresividad de forma automática", y plantea el protocolo que se debería seguir para evitar ese tipo de episodios.

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La violencia llega sin previo aviso, pero deja una marca imposible de borrar. No solo física, también emocional. Esta semana, un nuevo episodio de acoso escolar ha vuelto a poner el foco en un problema que es estructural en nuestra sociedad. Los jóvenes son cada vez más violentos, y, en ocasiones, mirar a un lado cuesta una vida, como ocurrió hace apenas unos meses con Sandra Peña.

La raíz del problema está en los jóvenes que ejercen esa violencia, pero también en quienes la alientan: "¡Métele una patada. Métele. Métele patadas", se escuchaba en un vídeo desgarrador que ha difundido la familia de la menor de 14 años a la que le propinaron una paliza en La Llotja, Lleida. Las imágenes son duras de ver, pero desafortunadamente no es un caso aislado, sino que cada vez es más habitual. Tanto es así que ya tiene nombre, el 'happy slapping': agresiones grabadas y difundidas deliberadamente en redes sociales y que buscan la viralidad.

El relato de la madre

María, madre de la menor agredida en Lleida, confesaba en 'Y Ahora Sonsoles' el miedo que siente su hija actualmente. "No va mucho al insti porque aún le siguen amenazando", relata. A pesar de la condena pública en la que se ha visto envuelta la agresora, las amenazas persisten. La propia madre pidió la difusión de las imágenes para denunciar la terrible paliza que recibió la menor a manos de otras dos jóvenes.

Verónica, la madre de una de las agresoras, quiso salir días antes en el programa de Sonsoles a denunciar el acoso escolar y confesar que sentía "vergüenza ajena" al ver aquellas imágenes. Reconoció que su hija tenía problemas de conducta, pero que Servicios Sociales no respondía ni tomaba medidas: "Fiscalía de Menores ya sabe lo que pasa con mi hija y no me hacen caso". Aprovechó para pedir perdón tanto a la víctima como a su familia, pero María no las acepta: "No entiendo por qué tenía que pedir perdón después de que salieran los vídeos, podía hacerlo desde el principio". Además, aseguraba que ella "sabía todo lo que ha hecho su hija, pero le ha dado igual", sentenció.

Datos que se traducen en víctimas

La educadora social Marina Marroquí advierte en Antena 3 Noticias del peligro de este tipo de actitudes, asegurando que "es una imagen que cada vez se está repitiendo más dentro de las centros educativos y de la adolescencia". Por ello, anima a cuestionar "cuánto refuerzo positivo reciben por esa violencia, ya no solo quien la ejerce sino también quien lo graba, quien lo distribuye y quien anima, que es algo que está haciendo que se multipliquen estas actitudes".

El pasado mes de abril, se produjeron al menos tres agresiones de este tipo en Cataluña. Desde que comenzó el curso en septiembre de 2025, solo en la comunidad catalana se han detectado más de 5.000 posibles situaciones de bullying en las escuelas, tal y como lo indica el registro de Violencias contra el Alumnado (Reva) de Cataluña. Son datos alarmantes. Marroquí achaca este aumento de violencia a los "beneficios" que obtienen los jóvenes con ella: "Estamos en una sociedad que premia la agresividad de forma automática. Tienen muchísimo más refuerzo, muchísima más inclusión y poder dentro del grupo, y sobre todo también tienen más consecuencias en la víctima".

Un golpe igual de fuerte que el del agresor

El bullying no es algo nuevo, desgraciadamente siempre ha existido. Entre la crueldad de la persona que lo ejerce y la frustración de quien lo padece, está la insensibilidad de quien lo calla. Pero ahora, en la era digital, también está la complicidad de quien lo graba, distribuye y anima. Con esto, "las repercusiones para la víctima son aún mayores a nivel psicológico", lamenta Marroquí.

En el caso de la joven en Lleida, se aprecia la brutalidad de las agresoras: le apalean, prácticamente le amordazan y le insultan. Pero también llama la atención lo que ocurre detrás de las cámaras: risas, ánimos, e incluso cierta diversión, como si se tratase de un espectáculo digno de compartir con sus seguidores en busca de interacción. Eso es lo que hace que "les compense la gravedad de los hechos", afirma Marroquí.

Cómo combatir la situación

Este tipo de violencia en las escuelas se está multiplicando exponencialmente, algo que Marroquí pide revertir o paliar de forma inminente. Para ello, pide "actuar de forma efectiva". No solo mediante concienciación, sino recuperando "el ocio saludable dentro de los municipios y las actividades dirigidas por profesionales que inoculan valores en contra de esas actitudes".

Para la educadora social, la educación y concienciación son esenciales, pero también el castigo es importante. Todos esos chicos y chicas que aparecen en las imágenes han vuelto a sus casas. Son "aparentemente inimputables" por nuestro Código Penal, pero eso no va de la mano con que no puedan tener consecuencias: "Significa que no va a ir a un centro de menores o que no va a ir a la cárcel", explica Marroquí. Por ello, subraya la importancia de que tanto familias como centros escolares y organismos municipales, "sancionen esta conducta de forma automática". Y apunta a consecuencias graves, "porque está cimentando todos esos valores" que tendrán los menores de adultos, asegurando la reeducación y un aprendizaje para que, "aunque no puedan ser a nivel penal, tengan consecuencias sociales".

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