Aseinato Lardero

Así era el día a día de Francisco Javier Almeida, presunto asesino del un niño en Lardero

El detenido trabajaba de limpiador para una empresa de reinserción laboral de presos. Desde hace unas semanas comenzó a consumir grandes cantidades de alcohol y se paseaba cerca del colegio.

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La juez del Juzgado de Instrucción 2 de Logroño ha dictado este domingo prisión provisional comunicada sin fianza para el detenido como el presunto autor del homicidio de un niño de 9 años en Lardero.

El detenido estaba en libertad condicional desde abril de 2020. El 17 de agosto de 2023 se extinguía la condena que se le impuso por el asesinato y agresión sexual a una joven agente inmobiliaria en Logroño en 1998, de 20 y 10 años de prisión, respectivamente, después de que fuera condenado a 7 años de cárcel por otra agresión sexual en 1993.

Los vecinos de Lardero explican que salía poco de casa pero hace unos meses comenzó a dejarse ver más de lo habitual, sobre todo en el parque infantil. "Todos los días sentado en el banco mirando", aseguran algunos vecinos.

Los vecinos conocían como 'Patxi'. Trabajaba de limpiador para una empresa de reinserción laboral de presos y pagaba 500 euros de alquiler en un bloque del municipio, aunque las fuerzas de seguridad no tenían constancia de la vivienda. Los que coincidían con él explican que cada vez salía más de casa, sobre todo al supermercado. Comenzó a comprar alcohol de manera descontrolada.

Su presencia alrededor del colegio se hacía muy frecuente. Llegó a ser inquietante para algunos padres: "Lo vi muy nervioso. No me fiaba de él". Según revelan varios vecinos, el detenido había intentado llevarse a varias niñas con un engaño.

Lo describen como "frío, cínico y rencoroso"

Victoria de Pablo Dávila, abogada de la asociación Clara Campoamor, describe al detenido como "frío, cínico y rencoroso". La abogada estuvo presente en el juicio en el que fue condenado a 30 años de cárcel por asesinar y agredir sexualmente a una joven. Los vecinos de la zona lo catalogan como un "psicópata de libro". Desde un primer momento han manifestado que estaban seguros que no se había rehabilitado.

Alfonso Santiesteban, el juez que le condenó en 1993 asegura sentir "rabia e impotencia". Durante aquel juicio, Almeida mostró una actitud muy fría. Los forenses dijeron que el acusado no tenía ninguna anomalía psíquica, y tras ser condenado se sometió de manera voluntaria a tratamiento penitenciario.

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