Alicia López Losantos, psicóloga y coach emocional

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Psicología positiva

Lo que descubrimos este año

Un año. Este domingo se cumple el primer aniversario desde la declaración del primer estado de alarma por la pandemia de coronavirus. Aquel 14 de marzo pasamos de la incredulidad al miedo y sentimos que nuestra vida entraba en pausa a través de un duro confinamiento.

Justo cuando se cumple un año de la declaración del estado de alarma, nunca olvidaremos -no debemos hacerlo- a las 70.000 personas fallecidas por coronavirus, ni tampoco a los que han perdido el empleo y, en un escenario inimaginable hace un año, acuden a las colas del hambre.

Ha pasado un año ya desde que, sin saber, sin entender, de golpe, nos preparamos para afrontar una nueva forma de vida con el único objetivo de sobrevivir a un virus letal. Sin aprendizaje, ni certezas, todo lo contrario: doce meses llenos de incertidumbres, pero del que debemos extraer algunas enseñanzas.

7 enseñanzas positivas del coronavirus

Este año ha puesto a prueba la fortaleza psicológica del ser humano, que día a día fue quebrándose y preguntándose dónde estaría el límite, en especial aquellos que han vivido en una soledad no buscada. La famosa resiliencia de la que tanto habíamos oído hablar, de bruces en nuestras propias carnes. Mientras perdíamos mucho y recordábamos desde el encierro forzoso cómo eran nuestros días felices antes del coronavirus también, a lo mejor inconscientemente o por pura necesidad, hemos ido ganando tiempo, intimidad e incluso parcelas de cierta libertad.

Que se lo digan a los niños, que han descubierto un nuevo beso de buenos días, y que ven cómo sus padres se esfuerzan por atenderles y están más tiempo en casa que nunca, aunque sea con una mano en el teclado y la otra en un molde de repostería, una en los deberes y la otra en una reunión por Teams. O a las mascotas, que han podido disfrutar tantas horas de sus amos...

Este año ha puesto a prueba la fortaleza psicológica del ser humano, que día a día fue quebrándose y preguntándose dónde estaría el límite, en especial aquellos que han vivido en una soledad no buscada.

Que se lo digan a los teletrabajadores, antes esclavos de los atascos, que ahora ganan horas y calidad de vida sin coger el coche o el transporte público, sin prisas ni agobios, pasando del trabajo al ocio en 'cero coma', sin importarles demasiado qué tacones o qué traje ponerse, trabajando en su propio ambiente, cálido y confortable, sin obligaciones de comidas y desayunos de trabajo, aunque desayunando, comiendo y cenando con el chip puesto en el ordenador, pero eso sí… a su aire.

Que se lo digan a los estresados, a los del “no tengo tiempo”, que se han dado cuenta de que sí que lo tienen y que ya no quieren renunciar a ese ejercicio mañanero, a esa lectura, a esa clase de yoga o a esa meditación.

Que se lo digan a los emprendedores, a los periodistas, a los escritores, a los artistas…a los del “cuando tenga tiempo me pongo a ello”...

Que se lo digan a las parejas que no se encontraban, que tenían horarios imposibles y que, de repente, han descubierto que pueden disfrutar del otro, de su conversación, de su compañía y hasta de sus hobbies, de que la soledad compartida es la mejor soledad y de que ya no conciben ningún día del resto de sus vidas sin ese momento, aunque sea pequeño, aunque sea a última hora, pero que sea.

Que se lo digan a los emprendedores, a los periodistas, a los escritores, a los artistas…a los del “cuando tenga tiempo me pongo a ello”, a todas las personas que han descubierto que este es el momento de reflexionar, que lo que tenían dentro no salía por falta de tiempo, que creaban en ritmos imposibles y eso no es crear, o que no podían pensar cómo mejorar sus negocios porque el trabajo los absorbía. Y ahora se encuentran con un nuevo proyecto, con un buen proyecto, al que le han dedicado tiempo y les hace sentirse orgullosos, con ese orgullo de lo bien hecho, ese que ya casi ni recordaban porque iban tirando como podían.

Un año después, el duelo sigue siendo lo más difícil y esas ausencias lo único importante.

Y que se lo digan a todas esas personas que se han descubierto a sí mismas, que han aprendido a valorar lo que de verdad es importante, que han dicho adiós y hola a personas y costumbres nuevas y que por fin han encontrado…el sentido de su vida.

Las víctimas del coronavirus, en la memoria

Pero que no se lo digan a los miles de personas que perdieron la vida por el coronavirus ni a la gente que les rodeaba y los quería, a los que el dolor y el llanto en soledad se les hizo más que insoportables, sin el auxilio de los besos y abrazos y la imposibilidad siquiera de cogerles la mano.

Un año después, el duelo sigue siendo lo más difícil y esas ausencias lo único importante. Hoy valoramos más que nunca lo que tenemos y a quién tenemos. Por eso, cuando esto pase, tendremos la oportunidad de replanteárnoslo todo, de elegir nuestra forma de vida y nuestra distribución del tiempo, y entonces no olvidaremos lo que descubrimos.

Alicia López Losantos, psicóloga y coach

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