Cumbre EEUU China

Trump se muestra adulador ante Xi Jinping en un encuentro marcado por la cordialidad

El lenguaje corporal del presidente de EE. UU. contrasta con sus críticas previas a China, mientras Xi Jinping mantiene su estilo firme y reservado.

Trump destaca ante Xi los "fantásticos" acuerdos comerciales y el acercamiento de posturas sobre Irán

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La imagen del presidente estadounidense sorprendió por su contraste con la retórica habitual. Sonrisas, palmadas y un largo paseo por la alfombra roja marcaron el encuentro entre Donald Trump y Xi Jinping en Pekín, una escena que proyectó cercanía en plena tregua entre las dos mayores potencias económicas del mundo.

Desde el primer momento, la escenografía estuvo cuidadosamente diseñada. Ambos líderes caminaron juntos por el Templo del Cielo, uno de los enclaves más simbólicos de la capital china, conversando de forma distendida y manteniendo una proximidad física poco habitual en encuentros diplomáticos recientes. El mensaje parecía claro: transmitir estabilidad y cooperación tras meses de tensiones comerciales y enfrentamientos políticos.

El lenguaje corporal fue uno de los aspectos más comentados por los analistas. Trump, conocido por su estilo directo y dominante en reuniones internacionales, se mostró especialmente cordial. Durante el paseo, tocó el brazo de Xi en varias ocasiones y le dio suaves palmadas en la mano, gestos que los expertos interpretan como señales de cercanía y cordialidad. Llamó la atención, además, que evitara su característico apretón de manos dominante, un gesto que ha marcado muchos de sus encuentros con otros líderes mundiales.

Frente a la actitud expansiva del presidente estadounidense, Xi mantuvo su habitual serenidad. Sus movimientos fueron medidos y su lenguaje corporal, contenido, proyectando la imagen de control que caracteriza su liderazgo. El contraste entre ambos estilos resultó evidente: mientras Trump miraba a su alrededor, sonreía y gesticulaba, Xi permanecía más impasible y centrado, incluso dirigiendo la mirada a las cámaras que seguían el recorrido.

El tono conciliador también se trasladó a las declaraciones. Trump dedicó varios elogios a su homólogo chino, al que calificó como un "gran líder", y destacó el "honor" que suponía la visita. Este cambio de tono llamó la atención, especialmente si se compara con las críticas que el mandatario estadounidense suele dirigir a China en su política interna.

Otro detalle significativo fue la ausencia de ruedas de prensa tras el encuentro. Trump, habitual protagonista de enfrentamientos con los medios, optó en esta ocasión por seguir el protocolo chino y evitar preguntas, reforzando la imagen de una cumbre sin sobresaltos mediáticos.

La escena contrasta con la reunión celebrada el año anterior en Corea del Sur, marcada por la tensión y el silencio. En esta ocasión, la diplomacia se expresó sobre todo a través de los gestos. Trump apostó por la cercanía y el elogio; Xi, por la firmeza y la contención. Una coreografía cuidadosamente diseñada que refleja la compleja relación entre Washington y Pekín, en un momento de tregua tan estratégica como frágil.

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