Atentados 11-S

La enfermedad invisible de Alexander Mandl 25 años después del 11-S: "En 6 meses he vivido la misma degradación que en 24 años"

Más de dos décadas después de los atentados en Nueva York, Alexander Mandl relata, desde Barcelona, el largo calvario de salud provocado por la nube de polvo tóxico que inhaló en el sur de Manhattan, un proceso que le llevó al trasplante pulmonar y a una constante lucha por sobrevivir.

"En 6 meses he vivido la misma degradación que en 24 años": la enfermedad invisible Alexander Mandl

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El 11 de septiembre de 2001 cambió la historia global, pero para Alexander Mandl supuso el inicio de una condena de salud invisible. Tras el colapso de las Torres Gemelas y la evacuación del sur de Manhattan, el humo, el olor a productos químicos y la tos constante se convirtieron en su rutina. Lo que comenzó como un síntoma normalizado terminó revelando el alcance real de la tragedia: "La definición de víctima no es solo alguien que muere, sino alguien afectado, y me ha costado mucho tiempo entenderlo", confiesa.

El deterioro fue progresivo y devastador, cuenta a Gemma Garcia y Arnau Jurado (imagen). Durante años sufrió una pérdida constante de energía y fuerza, hasta que entre 2011 y 2015 una biopsia pulmonar confirmó el hallazgo de componentes químicos del 11S en sus tejidos. Le diagnosticaron la conocida «enfermedad de los bomberos de Nueva York». Sin pulmones funcionales, su vida cotidiana se redujo al mínimo extremo: "Tenía que comer hasta sopa porque todo pide oxígeno y yo no tenía", explica sobre el impacto de la enfermedad en su día a día.

La única salida llegó en 2025 con un trasplante de pulmón. Tal y como expresa el propio afectado durante la entrevista, el cambio neurológico tras la intervención fue inmediato: "Te despiertas del trasplante y ves que de repente te iluminas y tu cerebro va a una velocidad a la que no estabas acostumbrado y vas recordando cosas: nombres de compañeros de 2001, caras, mensajes sin acabar…". Sin embargo, este procedimiento sustituye una condición terminal por una batalla de larga duración expuesta a nuevos riesgos.

Actualmente, Mandl afronta un rechazo de los nuevos órganos y un proceso oncológico que acelera su desgaste. "Ahora a nivel físico he tenido un cáncer, rechazo de los pulmones y tengo de nuevo degradación física más rápida que la otra vez [...]; en 6 meses he vivido la misma degradación que en 24 años", relata sobre su estado actual. A pesar de la severidad del diagnóstico, rechaza la rabia y enfoca sus fuerzas en colaborar con la investigación médica para ayudar a otros afectados.

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