Cesta de la compra

¿El regreso de la barra de toda la vida? "Menos pan, pero mejor"

El consumo de pan se mantiene estable, aunque lejos de los niveles de hace una década, mientras el consumidor busca distinguir entre la elaboración industrial y la artesana.

Barras de pan

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“Acorde a la calidad que comes, es barato”. Es la frase resume una de las batallas que se libran hoy alrededor de un alimento que durante generaciones ocupó un lugar fijo en la mesa española. El pan sigue siendo un básico, pero ya no se compra ni se consume como antes. En 2024, cada español consumió una media de 27,45 kilos, apenas un 0,2% menos que el año anterior. Son unos 75 gramos al día.

La cifra, sin embargo, cuenta solo una parte de la historia. La perspectiva es mucho más reveladora: en los últimos doce años, el consumo por persona ha caído desde los 35,87 kilos hasta los 27,45. Son más de ocho kilos menos por habitante y año.

En ese descenso conviven dos realidades. Por un lado, el precio y la comodidad han convertido al supermercado en el principal canal de compra de pan: concentra el 44,6% del volumen, frente al 29,7% de la tienda tradicional. Por otro, el consumidor que continúa comprándolo parece prestar cada vez más atención al producto que coloca en la mesa.

“Vamos a lo económico y a lo fácil”, reconoce una consumidora. Otra elección es más deliberada: “De súper no lo compramos. Preferimos panadería, bien hecho y recién hecho por la mañana”.

¿Cómo es un buen pan?

En Sabores Bakery & Pastry, el panadero y pastelero venezolano Alex Arrieche defiende que la diferencia comienza mucho antes de que la barra llegue al mostrador. Arrieche obtuvo en 2023 el premio al mejor pan de masa madre de España en The Baker, un concurso nacional que reúne cada año a profesionales de todo el país. En la última edición, celebrada en 2025, volvió a presentarse y, aunque no ganó, fue el único panadero de Galicia entre los finalistas.

“En una panadería artesana se trabaja con una harina de calidad”, explica. En una elaboración tradicional, añade, la receta puede reducirse a ingredientes básicos como harina, agua, sal y masa madre, mientras que determinados productos industriales pueden incorporar otros ingredientes tecnológicos.

El consumidor también puede fijarse, según Arrieche, en el aspecto, el aroma y la textura. Habla de una corteza de tonos “más caramelo” en un pan artesano y anima a recuperar algo tan sencillo como el hábito de preguntar qué se está comprando.

Porque no todo el pan que sale de un supermercado responde a la misma elaboración ni todo el pan de una panadería es necesariamente artesanal. La etiqueta, los ingredientes y el proceso son los que permiten establecer diferencias, más allá del lugar donde se venda.

Fresco frente a precocinado

El precio es otro de los argumentos. Los hogares gastaron en 2024 unos 3.378 millones de euros en pan, con un gasto medio de 72 euros por persona y un precio aproximado de 2,6 euros por kilo.

La paradoja está servida: compramos menos pan, pero no necesariamente hemos dejado de buscarlo. El pan fresco sigue dominando las preferencias: representa el 78,3% del volumen adquirido, mientras el pan industrial supone el 21,7%.

También han cambiado las modas. Masa madre, cereales, semillas o harinas ecológicas han convertido la barra en un producto sobre el que se habla, se compara y hasta se construye contenido en redes sociales.

Arrieche advierte precisamente contra convertir el pan en una tendencia más de TikTok. Su consejo es menos sofisticado: “Acudir a un profesional, preguntar y, sobre todo, probar”.

Quizá ahí esté la nueva cultura del pan: no comer necesariamente más, sino elegir mejor. Una barra menos en la bolsa, pero con más criterio.

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