AUTÓNOMOS
Agosto negro para el pequeño comercio: 37 autónomos echan el cierre definitivo cada día en España
El sector suma diez años de pérdidas continuadas ahogado por unos costes fijos que alcanzan los 125 euros diarios antes de levantar la persiana.

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Cada mañana, miles de trabajadores por cuenta propia en España se enfrentan a la misma incertidumbre. Levantar la persiana de un pequeño negocio se ha convertido en una carrera de obstáculos donde los números cada vez cuadran menos.
En los últimos diez años, el comercio ha sufrido un goteo constante de cierres, pasando de 750.000 autónomos afiliados a menos de 650.000. Una hemorragia que se ha agudizado este verano: solo en el mes de agosto han desaparecido 912 pequeños comercios, lo que equivale a la destrucción de 37 negocios cada día laboral.
125 euros de gasto antes de empezar a vender
El principal enemigo del pequeño comercio no es solo la falta de ventas, sino la losa de los costes fijos. Según un informe de la Unión de Profesionales y Trabajadores Autónomos (UPTA), un comerciante en España arranca la jornada con un gasto medio de 125 euros antes incluso de atender al primer cliente.
Luz, alquileres, cuotas e impuestos ahogan los márgenes hasta tal punto que muchos profesionales están optando por trasvasar su actividad hacia otros sectores o, directamente, echar el cierre definitivo.
"Los jefes siempre somos los últimos en cobrar"
Detrás de las cifras hay historias de toda una vida. En el barrio de Sants, en Barcelona, Luis y Pedro llevan 45 años al frente de su cerrajería y taller de reparación de calzado. Han sobrevivido a crisis de todo tipo, pero reconocen la dureza del momento actual: "Los jefes siempre somos los últimos en cobrar. Cuando tienes un bache, te hace pensar si cierras o sigues adelante".
A las dificultades económicas se suma la desprotección que ellos mismos denuncian sufrir a diario: "Somos los que menos derechos tenemos. No tenemos paro, no nos podemos poner enfermos... es duro", lamentan.
El ahogo de los negocios de barrio
Esta incertidumbre no entiende de sectores. En Viladecans, Ana regenta una peluquería desde hace diez años. Tras una década peinando a sus vecinos, la realidad económica la ha llevado al límite: "Me planteo cerrar mi negocio. Lo abrí con mucha ilusión, pero ya no sabes qué hacer para seguir adelante".
Un testimonio que comparte Jenny en su taller de costura artesanal, donde elabora cada accesorio a mano. Comenzó su trayectoría entre hilos y telas por pura pasión, pero hoy…"Estoy saturada. Hay meses que tengo sueldo y otros que no tengo nada. Me da pena cerrar porque se están perdiendo los negocios de barrio, pero me planteo hacerlo este año si la cosa no mejora", confiesa. Un paisaje urbano que se apaga a medida que la persiana de los barrios echa el candado.
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