Champions League

Por qué el Real Madrid reinó otra vez en el caos de la Champions League

El Real Madrid reinó en la épica ante el PSG y en la 'contraépica' ante el Chelsea: en octavos remontaron y en cuartos no se dejaron remontar... remontando. Análisis de otra noche mágica más allá de la lógica del fútbol.

El pase de Modric en el gol de Rodrygo

El pase de Modric en el gol de RodrygoTwitter @realmadrid

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Corría el descanso de la prórroga y Thomas Tuchel sacó una pizarra como si el partido entre Real Madrid y Chelsea, a esas alturas, atendiera a la lógica del dios del fútbol. Y es que el Santiago Bernabéu estaba viviendo electrizado -otra vez- una de esas gestas europeas que cantarán en el futuro. Los blancos habían dilapidado el 1-3 de la ida y, tras el 0-3 anotado por Timo Werner en el minuto 75, ni el más optimista creía ya en la remontada: un gol para forzar la prórroga y otro para rescatar el billete a semifinales de la Champions League.

De inicio, el Madrid dudó entre atacar o defenderse tras el resultado de Stamford Bridge y solo reaccionó cuando se vio con el agua al cuello: es un equipo que no sabe especular y que tiene en su ADN ir a por el partido. Casi le sucede lo que al PSG en Chamartín y se deja remontar una eliminatoria que parecía sentenciada, pero el conjunto blanco es el rey del escapismo: volvió a gobernar el caos, terminando el encuentro con una defensa formada por Lucas Vázquez, Carvajal, Alaba y Marcelo para doblegar el vigente campeón. El fútbol siempre puede sorprenderte un poco más. Podría tratarse de un fenómeno paranormal, pero ya van muchas veces con la misma camiseta.

Carlo Ancelotti se vio sobrepasado por Pochettino primero y por Tuchel después, pero el Real Madrid conserva un ramillete de futbolistas para la Historia que sostiene al equipo cuando los partidos se vuelven locos. La actuación de Luka Modric fue, otra vez, propia de un futbolista legendario: un despliegue físico impropio de alguien con 36 años, a lo que hay que añadir su precisión en el juego y el liderazgo sobre los compañeros a través del ejemplo. Su pase a Rodrygo con el exterior en el primer gol merengue habría que colgarlo en el Museo del Prado.

Camavinga, devastador

Ya en la prórroga, Benzema dio la puntilla con su duodécimo gol en 9 encuentros esta Liga de Campeones. Pero antes, y como sucedió en la vuelta ante el PSG, fue la entrada de Camavinga lo que dinamitó el choque: liberó a Luka Modric y dio al equipo empaque y brío. Los dos goles madridistas partieron de sendos robos suyos. El francés, que solo tiene 19 años, derrocha talento y desparpajo. Valverde, por su parte, demostró otra vez su derroche físico hasta los minutos finales. A quien sí echó de menos el once fue a Militao, ya consagrado como un central 'top' mundial.

Pero cuando se apaguen los focos y se rebaje la euforia, los blancos deberían hacer autocrítica: cualquier otro equipo habría perdido una eliminatoria que parecía encarrilada. En cuanto a la planificación deportiva, la plantilla pide a gritos un lateral derecho de élite mientras Camavinga merece más minutos en partidos de enjundia. Aun así, y esta temporada tal vez con peores plantillas que Chelsea, PSG o Bayern de Múnich, el club presidido por Florentino Pérez está otra vez entre los cuatro mejores de Europa... y van diez ocasiones en 12 años. Además, Kylian Mbappé ya se atisba en el horizonte.

Fue una noche complicada otra vez para el antimadridismo, sin duda la vocación peor pagada del mundo. El rival de semifinales saldrá del Atlético-City del Metropolitano, así que los rojiblancos esta noche juegan contra el líder de la Premier League y contra los fantasmas de las Champions pasadas. Los blancos no eran ni de lejos favoritos para ganar esta Liga de Campeones, pero a estas alturas de la película ya nada tiene sentido: reinaron en la épica ante el PSG y en la 'contraépica' ante el Chelsea; en octavos remontaron y en cuartos no se dejaron remontar... remontando.

Y es que el Real Madrid es como Rafa Nadal: tienes que matarlo, enterrarlo y acudir con regularidad al cementerio para asegurarte de que no se levante... otra vez.

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