La línea de vida le salvó la suya, evitando una caída de 1000 metros. A la dificultad de andar por una cuerda flexible por el aire, el Slackline le ha sumado hacer piruetas y todo con el balanceo constante que ofrece esta modalidad.

Imágenes increíbles que llegan a suceder a más de mil metros de altura y, aunque muchos lo pasen mal mientras lo hacen, algunos otros todavía buscan darle una vuelta más, como hacerlo con los ojos vendados.

Un atrevimiento que ha llevado a muchos a sufrir sus consecuencias y que a todos los demás nos pone los pelos de punta y más conociendo lo frecuente que es perder el equilibrio.

Caída tras caída el arnés les salva le vida y también les permite el lujo de disfrutar de auténticos paraísos de la naturaleza. d