La desaparición de la hija de Antonio puso a prueba su matrimonio con Inma, quien decidió actuar al margen de la policía e investigar a los dos chicos que podrían haber visto al secuestrador de la pequeña. Joan, el más pequeño de ellos, se sincera y comienza a confesar lo ocurrido aquella tarde. El culpable de la desaparición de Soledad: un hombre grande, con tatuajes y con un ojo de cristal.