Laura ha empezado el primer curso de dos carreras distintas que ha acabado abandonando. Al no saber hacia dónde concretar su futuro, le pide a su padre pasar un año en Londres, con la excusa de mejorar su inglés y éste, que no puede negarle nada, accede. A su regreso a Madrid demostrará que, a pesar de sus ínfulas de niña malcriada y de su carácter caprichoso y manipulador, muy similar al de Ortega, Laura tiene una gracia natural y unas estrategias para conseguir lo que se propone que hacen de ella un personaje inevitablemente simpático.