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Harto de ataques y mentiras, el líder de los Albora ha puesto a sus enemigos contra las cuerdas en una escena de infarto.

Sola, en la calle y con el corazón roto tras perder a su hijo, la joven ha descubierto que el destino todavía le tenía guardada una última bofetada: sus tarjetas no funcionan.