El Hombre de Negro nos demuestra el poder de sujeción que puede tener la cinta de doble cara. Al elevar un coche solo con la fuerza de esta cinta pegada a una grúa.
A pesar de que el burgalés es un hombre casado, ni lleva el anillo de compromiso ni ha logrado recordar en qué dedo se lo colocó su anillo de compromiso, por lo que ha terminado… ¡volando!