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Inmigración en Canarias

El testimonio de Adama, un inmigrante llegado en patera a Canarias: "Pensé que iba a morir"

Un joven profesor de francés de Mauritania nos cuenta desde su habitación del hospital cómo fue su viaje en patera hasta Gran Canaria. Adama es uno de esos inmigrantes que llegan a nuestro país buscando un futuro mejor, era profesor universitario en su país y éste es su relato desde un hospital de Gran Canaria.

En resumen

  • Adama es un joven inmigrante que llegó a Canarias en patera
  • Llegó con desnutrición y heridas por su travesía bajo el sol
  • Ahora se recupera en un hospital de Gran Canaria
  • Educado, inteligente, asegura hablar hasta ocho idiomas
  • Antena 3 Canarias le pone voz a su realidad

Adama es un joven inmigrantes mauritano de 32 años que ha llegado a Canarias tras una dura travesía. Educado, inteligente, asegura hablar hasta ocho idiomas. Llegó a Gran Canaria a bordo de una patera hace sólo unos días, deshidratado, sin apenas fuerzas, tras haber pasado una semana en altar mar, la mayor parte del tiempo sin comida ni agua. El sol durante el día y el frío durante la noche, así como la falta de agua y alimentos han cuarteado su piel hasta dejarle heridas terribles.

Por esas heridas que sufrió en su travesía, al llegar a Canarias fue hospitalizado en el Complejo Hospitalario Universitario Insular Materno Infantil de Gran Canaria. Precisamente desde la cama de su habitación accede a contestar a nuestras preguntas. No podemos entrar, se encuentra en una planta de acceso restringido por causa de la pandemia de corionavirus. Tanto él como sus compañeros han dado negativo en las pruebas para detectar el coronavirus.

“Decidí venir aquí porque tengo una vida muy difícil”, arranca diciendo en un español con acento francés aprendido en su tierra. “No hay trabajo en mi país, subí a la patera para trabajar y cambiar mi vida”. Adama no deja de sonreír, mientras toma su sencilla cena a los pies de su cama. Con sus dos metros de altura y su encanto natural no pasa desapercibido entre el personal de la planta del hospital, que conoce su historia y pasa a menudo a saludarle. Muy cortés y amable, ya se ha ofrecido en varias ocasiones a ejercer de intérprete entre el personal sanitario y otros inmigrantes hospitalizados.

Adama cuenta que en Mauritania era profesor de francés en la Universidad, que ha estudiado tres años español y seis años inglés. “Mis sueños son quedarme en España y trabajar, vivir una nueva vida y cambiar, porque necesito una vida mejor” Su mirada se pierde cuando enumera a las personas que ha dejado atrás, “mi madre y mis hermanos, una hija”.

“Decidí venir aquí porque tengo una vida muy difícil”

Pero tuvo claro que tenía que subir a la patera. “Era la primera vez que veía un barco”, admite. Cuenta que fue un amigo el que le propuso la idea. Como no tenía dinero para pagar el viaje, vendió su coche. Sólo necesitó dos semanas para decidirse y partir. Pero no estaba preparado para lo que venía a continuación.

“El viaje es muy duro”, asegura. Pasó siete días en el agua, “tres o cuatro días sin comer ni beber, sin dormir”. Cuenta que él llevaba comida de sobra, pero eran cincuenta personas en la patera y muchos no tenía nada. “No puedes mirar a una persona cansada de no comer y no darle nada”. El repartió su comida y pronto se acabó. Tampoco podía dormir. En la embarcación había que dormir sentado, sin apoyar la espalda en ningún sitio. “Yo no puedo”, asegura mientras señala su elevada estatura.

“No hay trabajo en mi país, subí a la patera para trabajar y cambiar mi vida”

La falta de alimentos y agua y las horas bajo el sol, así como la ingesta de agua de mar, terminaron produciéndole graves heridas por todo el cuerpo de las que aún se está recuperando. Las muestra, tiene vendajes por los brazos y en un dedo. Por suerte, Adama ha sido de los pocos que no ha visto cómo le amputaban una parte de su cuerpo al llegar. Pero confiesa que ha pasado mucho miedo, “mi amigo quedó en el mar, está muerto”, explica “y yo pensé que también iba a morir. En la patera obligas a tu mente a pensar que tú puedes vivir otra vida”. Pero no todos los consiguen, “yo he visto morir a muchos, muchos, en el mar”.

Ahora sonríe, piensa en las oportunidades que le puede brindar la vida. Habla con su madre por teléfono y la tranquiliza, “todo está bien”, dice, mientras sonríe a las enfermeras que le atienden y para las que sólo tiene palabras de agradecimiento. “Estupendo, hay muchas enfermeras muy buenas, nunca he visto enfermeras como las que trabajan aquí”.

Aún debe recuperarse, pero Adama ya sueña con el momento en el que pueda buscar un futuro mejor para él y para su familia.

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