José Emilio Silvaje Aparisi llegó en 2008 a una pequeña parroquia del norte de Lugo. Era joven y apenas contaba con experiencia. Según su currículum, el religioso era doctor en filosofía por la Universidad de Valencia aunque primero se formó en la Universidad Pontificia de Salamanca.

Cuando el clero local decidió jubilarse, el obispado confió en José Emilio nuevas parcelas de la diócesis, hasta que tuvo en su cargo un total de 12 iglesias entre los municipios de Ribadeo, Barreiros y Trabada.

La cosa comenzó a empeorar cuando los feligreses, que se acercaban a la iglesia, notaron que cada día faltaban objetos litúrgicos que llevaban siglos custodiados en las localidades y que sentían que eran de su propiedad.

Algunos de estas reliquias fueron recuperadas, devueltas por el propio cura con la defensa de que se los había llevado a restaurar. Otros, aparecieron en 2012 en un arcén de Lourenza, una aldea situada próxima a los municipios donde ejercía el religioso. De esta manera, José Emilio hacía creer que él no era el culpable.

Esta semana, se sentará en el banquillo de la sección segunda de la Audiencia de Lugo acusado de la supuesta apropiación indebida de más de 40 piezas de arte sacro de los templos que gobernaba. La Fiscalía pide para él 4 años y medio de cárcel.

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