Maduro capturado
El desgarro de muchas familias venezolanas en España ante la caída de Maduro: "No nos atrevemos a celebrarlo"
Jeaneth Torcat y Carlos Guarata llevan once años viviendo en España. Salieron de Venezuela recién casados, con la idea de volver. Hoy tienen dos hijos que no conocen su país ni a gran parte de su familia.

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Esta madrugada, una noticia imposible de imaginar despertó a muchas familias venezolanas en España: Nicolás Maduro había sido capturado tras bombardeos en Caracas. La alegría, sin embargo, llega contenida.
Durante años, Jeaneth y Carlos han aprendido a vivir con la distancia, la incertidumbre y las despedidas sin retorno. Salieron de Venezuela en agosto de 2014, recién casados, para estudiar un máster, ella en Nutrición, él en Periodismo, con la idea de regresar. Nunca lo hicieron.
"Las cosas empezaron a complicarse cada vez más y no nos quedó otra que quedarnos", cuenta Jeaneth. Once años después, España es su hogar, pero Venezuela sigue siendo la herida abierta.
Tienen dos hijos: Abraham, de nueve años, y Samuel, de cuatro. Ninguno conoce Venezuela. Ninguno ha abrazado a sus abuelos, tíos o primos. "En todo este tiempo no hemos vuelto nunca", dice Carlos. "Y en ese lapso han fallecido familiares, amigos... La vida siguió sin nosotros allí".
La noticia llegó de madrugada. Jeaneth se despertó, como tantas otras veces, revisando el móvil por el cambio horario. En un grupo de WhatsApp con amigos venezolanos repartidos por el mundo, los mensajes se acumulaban.
"Empezaron a escribir que sus familias en Venezuela avisaban que estaban bombardeando Caracas", relata. "Me metí en X y ya había vídeos. Fue ahí cuando desperté a Carlos"
"Jeaneth me dice que están bombardeando Caracas", recuerda él. "Lo primero fue incredulidad. Llamé a mi familia inmediatamente".
Con dificultad logró hablar con su hermana en Caracas. La confirmación fue tan real como aterradora: aviones sobrevolando la ciudad, explosiones en algunas zonas, cortes eléctricos y comunicaciones interrumpidas.
"No sabemos exactamente dónde bombardearon, si hay fallecidos, no sabemos nada", explica Carlos. "No hay información oficial. Ni de Venezuela ni de Estados Unidos".
La prioridad fue una sola: la familia. Jeaneth tiene a su madre y a una hermana en Táchira, en la frontera con Colombia, y otra hermana en Caracas. La comunicación fue breve y fragmentada.
"Están bien, que es lo importante", dice. "Pero la comunicación es muy deficiente. Hay apagones, Internet falla. Nadie entiende bien qué está pasando". En Caracas, la recomendación fue clara: no salir de casa.
Horas después, llegó la información que parecía imposible: Nicolás Maduro habría sido capturado. Jeaneth se enteró trabajando. Carlos, conduciendo, escuchaba análisis en YouTube cuando ella lo llamó. "Me dijo: 'Parece que capturaron a Maduro'", cuenta. "Y lo primero que pensamos fue: ¿será verdad?".
La confirmación llegó cuando Donald Trump lo anunció en su red social. Aun así, la incredulidad persistía. "No me atrevía a creerlo del todo", confiesa Jeaneth. "Necesitaba ver una imagen oficial. Hemos esperado tanto este momento, con tantas subidas y bajadas, que da miedo emocionarse".
Lloraron. Se abrazaron. Se lo contaron a Abraham, el hijo mayor, que entiende la situación de su país. Pero la alegría es prudente.
"Estamos en shock", resume Carlos. "Es un gran paso, sí, pero la estructura criminal sigue ahí. Si esto se queda solo en Maduro y no se desmantela todo lo demás, el problema continúa".
Nos cuentan mientras escuchan a Donald Trump. Esperan certezas. Esperan saber qué pasa en las calles de Caracas. Y, por primera vez en muchos años, se permiten hacerse una pregunta nueva: ¿y si volver fuera posible?
"Es pronto para pensar en es", dice Jeaneth. Carlos no puede evitar emocionarse, "solo el hecho de poder planteárnoslo ya es algo muy grande".
Once años después, la esperanza vuelve. Contenida. Temblorosa. Pero viva.
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