Mariscadoras

Mariscadoras convertidas en guías turísticas que muestran la dureza de su trabajo en A Pobra do Caramiñal

Un grupo de mariscadoras de A Pobra do Caramiñal ha enseñado a los turistas lo duro que es su trabajo. Se han convertido en Una 'guías turísticas' muy especiales que han logrado hacerles comprender cuánto cuesta recoger lo que luego verán en sus platos.

Mariscadoras convertidas en guías turísticas que muestran la dureza de su trabajo en A Pobra de Caramiñal

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El Ayuntamiento de A Pobra do Caramiñal y un grupo de mariscadoras han puesto en marcha un programa que permite a los turistas acompañarlas en un día de faena en el mar. La iniciativa resulta interesante para entender la labor que hacen.

Guías turísticas por una horas

Son las 11:30 de la mañana, hoy la marea está baja, y el cielo nublado. “Está perfecto para trabajar en el mar, imagínate esto con calor”, explica Rosa, mariscadora. Le sigue una veintena de turistas que, con las botas de goma calzadas, se adentran en el arenal para comprobar cómo es convertirse en mariscador por un día.

Es durísimo, ahora entiendo por qué el marisco cuesta lo que cuesta, dice un turista asturiano

“La experiencia nos parece atractiva, además, te explican todo lo que hacen pero me da miedo el momento de tener que hacerlo yo”, cuenta curioso un joven de Santurtxi. Y no es para menos, en el momento en el que cogen el rastro, con el que deberán “bailar la arena” para coger las primeras almejas, se dan cuenta del peso. “Cuando consiga llegar con el a la arena ya estaré agotada”, dice una visitante de Salamanca.

Hacemos mucho hincapié en la necesidad de controlar el furtivismo, explica una mariscadora

La reacción de los turistas

Manos a la obra intentan hacerse con sus primeros bivalvos pero hasta que consiguen el primero pasan unos minutos, eternos para quien soporta el peso del apero. “Es durísimo, ahora me doy cuenta de porqué el marisco cuesta lo que cuesta”, dice un turista asturiano.

Las mariscadoras explican cómo se diferencian los tipos de almejas, qué tamaño deben tener para que se puedan comercializar y, sobre todo, enseñan a respetar el mar. “Hacemos mucho hincapié en la necesidad de controlar el furtivismo, el daño que nos hace que cada bañista quiera llevarse un puñado de almejas a casa, y todos lo entienden a la perfección”, dice Rosa.

Una jornada en la playa diferente, trabajando, compartiendo experiencias y poniéndose en la piel de las mujeres a las que habitualmente no ven pero que surten sus hogares de marisco.

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