Marisco
Las mariscadoras alertan de un nuevo golpe mortal en la ría de Arousa: "Está en juego nuestro futuro"
Las riadas hunden la salinidad en la Ría de Arousa y dejan en estado crítico a los bancos marisqueros de Carril y A Illa. El sector teme perder otro ciclo completo de producción.

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La riada ha pasado como un bisturí por los bancos marisqueros gallegos y la alarma vuelve a encenderse en la Ría de Arousa. Tras semanas de temporales y episodios continuados de agua dulce, las primeras inspecciones en los bancos marisqueros confirman lo que el sector temía: una mortandad elevada en las especies más sensibles y daños severos en el resto.
"Lo que vimos pintaba bastante mal", resume Inma Otero, presidenta de las mariscadoras de A Ila, tras una primera revisión de la costa. "La mayoría de la almeja babosa estaba muerta, la japónica tocada y también apareció afectada alguna fina".
La presidenta explica que, ante el deterioro de los bancos, se recomendó parar la actividad para no agravar la situación. "Así que estamos sin trabajar, a ver qué pasa cuando amaine definitivamente la lluvia. Hoy vamos a volver a realizar un nuevo muestreo para analizar la situación real". La expectativa es baja. "Siempre intentamos ser optimistas, pero no pinta bien. Y siendo realistas, pinta peor", admite.
El impacto no se limita a A Illa de Arousa. En Carril (Vilagarcía de Arousa), uno de los puntos más vulnerables de la ría por su cercanía a la desembocadura del río Ulla, la situación es crítica. "Llevamos paradas desde enero", explica María Porto, presidenta de la agrupación de mariscadoras. "Teníamos diez días de trabajo previstos y tuvimos que anular cinco por los temporales y por la bajada tan fuerte de salinidad que estamos teniendo". El golpe es directo al empleo: "Cada vez somos menos. Cuando empecé éramos 97 y ahora somos 57. En ocho años se fueron 40 personas del mar".
Porto insiste en que el problema no es puntual, sino estructural. "Esto se parece mucho a 2023, cuando empezó a llover en octubre y no paró hasta marzo. La riada no afectó solo a Carril, afectó a toda la ría. Y esta vez me temo que va a pasar lo mismo, porque los episodios de baja salinidad están siendo muy constantes". Durante varios días, el agua llegó a niveles de salinidad prácticamente nulos. "Lo normal es 35. Estuvimos tres días con la salinidad a cero", denuncia.
La presidenta utiliza una imagen muy gráfica para explicar el daño biológico: "Es como si a nosotros nos obligasen a beber agua salada. Ellas están acostumbradas al agua marina, no al agua dulce. Aguantan cerradas un tiempo, pero llega un momento en que tienen que abrir y entonces mueren". Las primeras en caer son la babosa y el berberecho, por estar más superficiales en la arena; la japónica resiste algo más, pero no aguanta episodios prolongados.
El problema es que la mortandad no afecta solo al presente, sino al futuro. "Ahora mismo hay más semilla que almeja de talla comercial. Si se muere la pequeña, se muere el futuro", advierte Porto. La almeja tarda alrededor de año y medio en alcanzar tamaño de venta. "Lo que se perdió en 2023 lo estamos pagando ahora. Si perdemos lo de este año, nos vamos a 2027 o 2028 para ver algo de recuperación".
Ambas dirigentes coinciden en que el sector vive al límite. Otero reconoce que la sucesión de temporales está rompiendo cualquier planificación. Porto lo resume con crudeza: "Rezamos para que sobreviva algo del marisco pequeño, pero los pronósticos no son buenos. Si no entra el anticiclón, esto va a ser otro año perdido".
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