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García-Page: "Al Gobierno le iría mejor si escuchara más a Felipe González"

El presidente castellanomanchego sostiene que el clima estatal condiciona los comicios autonómicos y reivindica el espíritu de la Transición como método para rebajar la tensión.

Le iría mejor al gobierno si hiciera más caso a Felipe González

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El presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, ha defendido en una entrevista en El Hormiguero que el contexto político nacional está marcando el rumbo de las elecciones autonómicas y municipales en distintos territorios. A su juicio, los resultados registrados en comunidades como Aragón no pueden analizarse sin tener en cuenta el clima general. "Estoy convencido al 90 % de que ha sido determinante la política nacional", afirmó, restando peso a las estrategias locales o a los cambios de candidatos en los meses previos a una cita con las urnas.

Pide prudencia ante las críticas a Marlaska

Emiliano García-Page también se pronunció sobre las peticiones de responsabilidades políticas al ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska. El presidente autonómico defendió una posición de cautela y rechazó acusaciones sin pruebas.

"A mí me gusta ser serio independientemente de todo", afirmó, antes de señalar que, "salvo que uno tenga pruebas no le puede acusar de haber tapado", ya que eso supondría "acusar de complicidad y acusar de un delito". A su juicio, no se puede pasar "de un indicio" a una imputación de esa gravedad sin base sólida.

Page destacó además que el ministro ha asumido un compromiso que, según dijo, "le honra": "Ha llegado a decir algo que yo no lo he escuchado a muchos, y es que, si la víctima se lo plantea o se lo pide, dimite".

La marca y el desgaste político

García-Page recordó que cuando obtuvo su última mayoría absoluta se planteó hasta qué punto el liderazgo individual influía en el resultado. Según explicó, el presidente del Gobierno defendió entonces que "los candidatos aportamos un pelín en el resultado y que lo verdaderamente importante al final es la marca". Para el dirigente socialista, si se aplica esa tesis de forma coherente, debe asumirse que la política general condiciona los procesos autonómicos.

En este sentido, aseguró que la "marca está muy tocada" y amplió el diagnóstico al conjunto del sistema político. Afirmó que España atraviesa "los niveles de degradación" más elevados que ha visto en democracia y situó el momento actual como el más alejado del espíritu de la Transición.

Durante su intervención, el presidente autonómico reivindicó la Transición no solo como una etapa histórica, sino como un modelo de convivencia. "No solamente fue una etapa, fue un método", sostuvo, al tiempo que defendió la necesidad de recuperar una forma de hacer política basada en el acuerdo. En su opinión, el país debería "seguir transitando" y adoptar de nuevo ese enfoque.

García-Page se mostró convencido de que la solución pasa por el entendimiento entre dirigentes. "Con que en España haya tres o cuatro personas capaces de entenderse y con ganas de entenderse, con sentido común, se arregla casi todo”, afirmó, recordando que esa idea la ha escuchado en distintas ocasiones.

El dirigente socialista pidió a la ciudadanía que no traslade la tensión política a la vida cotidiana y advirtió de que el "ruido" actual responde a dinámicas de liderazgo. A su juicio, el enfrentamiento constante y la lógica de "o estás conmigo o contra mí" resultan perjudiciales.

Pese al contexto, defendió una visión optimista sobre el país y destacó avances en infraestructuras y esperanza de vida como señal de que las cosas, auqnue vengan con problemas, demuestran la magnitud de la nación. Señaló que muchos problemas derivan del propio desarrollo económico y social alcanzado en las últimas décadas, subrayando que el aumento de la longevidad es uno de los principales logros colectivos.

Defensa de Felipe González

García-Page se mostró crítico con lo que calificó como una "campaña gratuita" contra el expresidente. Aunque matizó que no comparte todas sus posiciones, defendió su figura: "Felipe es un líder en mayúsculas y no lo discute ni el adversario ni el contrario". A su juicio, parte de las críticas responden a factores personales y políticos que nada tienen que ver con el debate de fondo.

Recordó que González respaldó en su momento decisiones del actual Ejecutivo "por peticiones expresas de Pedro Sánchez", y lamentó que ese respaldo no haya tenido continuidad en el trato recibido. También evocó episodios internos en el PSOE, como el clima vivido en el comité federal del 1 de octubre, cuando, según relató, se utilizó el término "felipista" como descalificación.

"Le haría mucho mejor al Gobierno si le pidiera opinión a Felipe González", señaló, sin plantear una adhesión automática a sus planteamientos, pero sí apelando a su experiencia.

El dirigente socialista también se refirió a las declaraciones de Óscar López sobre el resultado en Aragón y las calificó como uno de los episodios "más feos" que ha escuchado en tiempo reciente. A su juicio, hay límites que no deberían cruzarse en política, especialmente cuando afectan a compañeros fallecidos.

"Hay que intentar ser persona antes que político", afirmó, aludiendo a precedentes en los que, tras la muerte de dirigentes públicos, se produjeron reproches que considera improcedentes. En este contexto, cuestionó si dentro del PSOE existe espacio real para la discrepancia. "Hay derecho a la discrepancia dentro del PSOE de Pedro Sánchez. La verdad es que no lo sé", añadió.

Además, García-Page introdujo también una reflexión sobre la política penitenciaria vinculada a presos de ETA. Reconoció que el asunto le genera una preocupación personal y colectiva. "Me duele como español lo que está ocurriendo con el caso de los etarras", afirmó, al considerar que determinadas decisiones pueden interpretarse como parte de una negociación política.

El presidente autonómico diferenció entre aplicar la ley por convicción jurídica y hacerlo como resultado de acuerdos de supervivencia parlamentaria. "No es lo mismo hacer un pase de página para superar un problema, hacerlo por contrato o por exigencia", sostuvo. A su juicio, el debate ético cambia en función de la motivación que sustente la decisión.

En relación a eso, evocó el asesinato de Tomás y Valiente y la imagen de dirigentes de distinto signo político compartiendo espacio en la capilla ardiente. Recordó que en aquella fila coincidían representantes del Partido Popular y Santiago Carrillo. Para García-Page, esa escena simboliza una España que fue capaz de anteponer el interés común al enfrentamiento ideológico. "Es a la que debemos aspirar de nuevo", señaló.

Mayorías y vocación de Estado

García-Page defendió que el PSOE debe aspirar a ganar elecciones con mayoría propia y no acomodarse a una lógica de bloques fragmentados. "Aspirar, aspirar a ganar las elecciones", insistió, aunque reconoció que en los últimos años se ha instalado la idea de que la mayoría puede construirse "como la suma de las minorías". Una fórmula que, en su opinión, no debería normalizarse.

El presidente castellanomanchego sostuvo que PSOE y PP comparten una responsabilidad estructural en el sistema político. "Estamos obligados a hacer un partido de Estado", afirmó, al considerar que ambos son las únicas fuerzas capaces de asumir la responsabilidad completa de gobierno. Según explicó, otras formaciones pueden "matizar", "condicionar" o "desahogarse", pero la ciudadanía exige un nivel distinto de solvencia a los dos grandes partidos.

En esa línea, reivindicó la "vocación mayoritaria" del socialismo y evocó el respaldo obtenido en 1982 bajo el liderazgo de Felipe González, al que definió como un referente político de dimensión histórica.

El legado de Sánchez

Preguntado por cómo cree que Pedro Sánchez pasará a la historia, respondió que será "de forma muy diferente a como él le gustaría". No quiso anticipar el juicio que harán los analistas, pero apuntó que el tiempo político y el tiempo histórico no siempre coinciden. En el plano personal, dijo desear que, cuando abandone la política, pueda "estar a gusto consigo mismo".

También se abordó la situación judicial que atraviesan en estos momentos. Se refirió al denominado caso de "la fontanera del PSOE" y cuestionó el uso del término. "No sé por qué hay que insultar a los fontaneros", afirmó de manera irónica.

En su opinión, la magnitud de la información conocida hará que los procesos se desarrollen con lentitud. "Probablemente irá saliendo más información despacio porque lo tienen los jueces, porque ellos no tienen que trabajar al ritmo de la política", explicó. Al mismo tiempo, defendió la independencia judicial y expresó su rechazo a que responsables políticos cuestionen a los magistrados cuando una resolución no les favorece.

"Menos Puigdemont, aquí todos somos candidatos a acabar en la cárcel", concluyó, en una reflexión sobre la responsabilidad pública y las consecuencias penales en democracia.

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